sábado, 15 de octubre de 2022

El olvidado

 


El otrora más temido mausoleo de los viejos pueblos, hoy un apestoso habitáculo común entre los descendientes de Gorlois, al que llaman parque, los siglos le fueron pesando, el polvo fue enterrando las losas terribles de mi morada, el sello se mantiene firme a pesar de haber sido olvidado, aquí cumplo mi injusta condena, odiando intensamente a los seres que me pisotean, mi cuerpo hace mucho se marchitó, mi musculatura no es más que correosas fibras marchitas, mis ojos están secos, y aun así condenados a ver por toda la eternidad, a pesar de la oscuridad, a pesar de los metros de tierra que me separan de la superficie, puedo escuchar sus graznidos ¡puedo escucharlos burlándose!

Soy el odio enterrado, el odio hace que una sangre fantasmal insufle vida en mis garras, algún día me haré collares con sus intestinos, ¡Cerdos! sorberé el tuétano de sus huesos, me alimentaré de sus hijos, hasta eso mi único alimento será el tiempo, inexorable ¡los destriparé a todos!

La psicofonía sin duda era una de las más claras que el doctor Aldemar Robira había captado en sus 22 años de experiencia, ciertamente le excitaba horadar en el mundo velado al ojo común, pero también le sobrecogía aquella mortuoria voz, aquel inglés tan vestigial que le había costado horrores traducir, databa más o menos del siglo IX, el ser que yacía enterrado allí sin duda había captado en el profesor una posible herramienta, era increíblemente astuto y su influjo en aquel parque de Londres era potente, si decidía publicar la cinta, la avalancha de trasnochados  acabaría por alborotar aquel avispero, había puertas que era mejor nunca abrir, la potencia de este ser no debía ser probada, Robira conocía perfectamente que el odio era la principal fuerza en el mundo ultranatural y había un acuerdo tácito entre los investigadores, en no perturbar a los seres de odio, este sin duda desbordaba sus casos previos.

En medio de la madrugada londinense, el doctor guardó la cinta junto con sus anotaciones en una carpeta y la guardó bajo llave en el baúl que escondía en la trampilla bajo su cama, rotuló con grandes letras negras “El olvidado” y lo colocó junto a otras dos carpetas, casos de los que nunca sacaría rédito alguno.

sábado, 3 de octubre de 2020

Ella nada en la oscuridad

 

Al rayar sobre la cresta montañosa un resplandor púrpura, introducción de una noche de luna nueva, llegamos a la cima del cerro Villonaco, aquel que se decía entre los habitantes del valle que estaba encantado, nos ocupaba la misión de descifrar uno de sus más célebres misterios: la piedra de las osamentas, llamada así porque en los años ochenta se encontraron decenas de cadáveres en sus cercanías, a los que misteriosamente los animales no habían deshuesado como suele suceder con los cuerpos abandonados en la nada, mayoritariamente se trataba de indígenas saraguros, tribu autóctona del lugar, los osarios más antiguos entre los hallados datan de la era pre-incaica. El monolito es una obra de extraño tallado, muy diferente a las esculturas rupestres de los saraguros antiguos.

La compañía en excursión se componía por el guía local Hugo, su hijo adolescente Juan, mi sobrino el doctor Rodrigo Moricz y un humilde servidor y charlatán profesional Arsenio De Pont, logramos encaramarnos alrededor del monolito justo al haberse escurrido el ultimo haz de luz del crepúsculo, tal es así que solo pudimos llegar por la experticia de Hugo, quien dedicaba parte de su tiempo en organizar ascensiones guiadas al cerro y conocía los senderos de la montaña donde hacía pastar a sus ovejas. Rodrigo y yo, ajenos a las ataduras que la superstición impone sobre los ingenuos, nos acercamos presurosos a palpar los mil relieves de la roca, nuestros silenciosos acompañantes se aferraban a la visión lejana del campo eólico de igual nombre que el cerro, supongo que para aliviar la vista de aquella oscuridad sólida que nos envolvía, al mismo tiempo desempacaban sus tiendas de campaña, el contrato comprendía permanecer la noche junto a nosotros y atender cualquier emergencia que pudiera suscitarse, para luego guiarnos de vuelta al valle, rayando el alba.

A simple vista la piedra no era gran cosa, mi impacto inicial fue mucho menor que el que había previsto y muy pronto le dejé todo el sentido de la maravilla a mi sobrino. Hurgué en mi bolsillo en pos de un maltrecho cigarrillo, víctima del trajín y la humedad. Protegiéndolo entre mis manos cual pajarillo herido, logré darle lumbre. Me propuse a dispersar el silencio que se había venido acumulando en el ascenso a Villonaco.

-A pesar de que los huesos fueron hallados hace treinta años, -me dirigí a los guías, Rodrigo estaba abyecto en la exploración de la roca, -las leyendas sobre esta piedra ya existían desde tiempos de la colonia, o antes, se decía que los saraguros venían aquí a jugar algo parecido al ajedrez con el mismísimo Lucifer, como la derrota estaba asegurada, pues el señor del averno es la más astuta de las creaciones de Dios, nunca más volvían a bajar al valle.

-Los antiguos habitantes de estas tierras no creían en los diablos. –Escupió Hugo, quien no era más que un esbozo en el oscuro magma de la noche. –Sólo en la naturaleza, la chakana.

-Esta piedra no la pusieron los saraguros, solo la descubrieron, es muy vieja -continuó el joven Juan, -investigué del tema en la escuela, el profesor dice que…

-Es necesario guardar silencio. –Rogó Rodrigo tranquilamente. –Ya conozco esas leyendas, me he documentado bien antes de este día, ahora debo trabajar, les ruego caballeros, disfruten de la noche, -se sacó los guantes de lana y los guardó tranquilamente en su bolso, de donde extrajo varias herramientas, -procedo a hacer mi trabajo, pero necesito concentración.

Mi estrategia de que Rodrigo nos mandara a volar dio resultado, ya no era necesario fingir falso interés en estúpidas cuestiones milenarias que no llevaban a nada, era libre y además estaba cansado, tiré mi cama portable al pie de un peñasco donde escapar parcialmente del viento de la noche y me eché a fumar.

Rodrigo, arqueólogo académico, se dedicaba profesionalmente a resolver acertijos, literalmente, su primer libro sobre construcciones pre-sumerias había tenido una moderada buena acogida, lo cual lo catapultó a su ciertamente proyecto principal, aquel que añoraba desde la niñez y que consistiría en su segundo libro al que aún no había dedicado energías en darle un nombre, pero si toda la enjundia, trataba sobre acertijos antiguos inscritos en monumentos enigmáticos, de preferencia de manufactura desconocido y antiquísima, el monte Villonaco era nuestra segunda parada, llevábamos en nuestra sangre el envión de haber podido resolver el acertijo de las cabezas de la Isla de Pascua y creíamos que podíamos comernos el mundo porque aquel libro si prometía, bueno, mi sobrino creía todo eso y eso bastaba para mí, Rodrigo era un aventurero pero cuerdo Don Quijote, aunque más se parecía una versión catalana de Indiana Jones, y yo, inconfundiblemente, un viejo y acabado, pero fiel Sancho Panza, estaba feliz por ello.

Ya llevaba mi quinto cigarrillo, recostado a prudencial distancia de la piedra y de Rodrigo, cuando distinguí a las sombras que conformaban a mi sobrino moverse inquietas, señal de que algo iba a decir.

-Creo que lo tengo, -rompió el silencio, -este año estoy intratable, -soltó una espontánea risita, compartiendo su alegría conmigo y me sentí feliz por él.

-A ello. –apagué mi cigarro contra la peña y me acerqué a grandes zancadas en la noche.

-Imagina lo más sencillo que pueda ocurrírsete al ver esta piedra, -dijo Rodrigo que había encendido su linterna en dirección a la roca, explorándola con su haz de luz, -lo primero que se te ocurrió al verla.

-¡Una tortuga! –Gritó el joven Juan que se había dado por aludido por el llamado de mi sobrino y ya estaba a mi lado junto a la roca.

La piedra semicircular tenía el tamaño de un escarabajo Volkswagen, tenía la particularidad de estar tallada de tal manera que asemeja el caparazón de una tortuga, aunque cada cara distinta daba muestra de un relieve artístico de total contraste a sus adyacentes, unas con cientos de estalactitas, otras llanas y suaves como un campo de trigo, otros de textura irreverente y caótica, como si mil escultores se hubiesen encargado, uno por parcela, de tallar en esa piedra, en mil eras, logrando armar un rompecabezas en el que ninguna pieza encajaba con la otra, y sin embargo existía como una unidad, desafiante de las leyes de los puzles, si tales leyes existieran.

-Exacto, -sonrió Rodrigo, -Es una tortuga, la tortuga sobre la que descansa el universo, ni más ni menos, el más común de los mitos en el mundo pre-heliocentrismo, los persas antiguos, los sabios hindúes, los indios Mohawk de Norteamérica, no me alcanzarían los dedos de los pies y las manos para contar los puntos del mundo donde se creía esto, añadamos a esta lista a los saraguros y su Chakana, la deidad a la que le guardan respeto, esta entidad gobierna los cuatro elementos de la naturaleza, es decir, todo, Chakana es el cosmos mismo, Akupara, la tortuga del mundo.

-¿Por qué si la respuesta es tan sencilla nadie había dado con la repuesta? –Preguntó el joven Juan notablemente excitado.

-Fácil, -contestó Rodrigo, -ellos no tenían acceso a google. Desde que nació la era del internet, para acá, cada vez es más sencillo resolver estos enigmas, sin necesidad de devorarte la biblioteca de Alejandría en el intento, lo asombroso sin embargo es correlacionar esta especie de cultura colectiva en civilizaciones totalmente alejadas una de otra, supongo que la leyenda viene desde los inicios del lenguaje, por la tradición hablada ha podido sobrevivir hasta nuestros tiempos, quizá sea la religión más antigua del mundo, lo cual es sencillamente asombroso.

-Entonces ¿Cuál es el acertijo? ¿Qué buscamos? –Dije, echando leña seca y dispuesta sobre la hoguera didáctica que había encendido Rodrigo.

-Es claramente un caparazón de tortuga, -respondió mi sobrino, -su coraza contiene el cosmos, como si se tratase de una esfera de vidrio llena de agua y nieve artificial que contiene un souvenir de la ciudad de Nueva York, todo cuanto podemos percibir con nuestros cinco sentidos, los lugares donde podemos existir y también los lugares en los que no, esta piedra lo representa todo, el puzle ha sido diseñado para que lo resuelva un ser con dos sensibilidades fundamentales, la conciencia como muestra de la evolución definitiva de una especie, y el tacto, el sentido primigenio que incluso los trilobites de hace millones de años poseían. –Tomó aire, como si dejara que digiriéramos todo para poder proseguir, circundó la roca airoso. -La clave es la sensación, pura e impoluta, por encima de la visión, el olfato, el oído y el gusto, por eso el motivo de venir en una luna nueva, por la ausencia de perturbación ocular, debo admitir que fue entre capricho y corazonada; en la ausencia de luz mi sentido del tacto se dilató, como supuse, así que estoy a punto de comprobar mi hipótesis, mediante un simple ejercicio de tacto, la tortuga, que representa al cosmos en sí, vierte sobre el ser de conciencia de turno, su conocimiento insondable, esto debió ser una experiencia alucinante para los aborígenes antiguos, tal vez mezclaban la experiencia con ayahuasca y debido a esas intoxicaciones se explican los cadáveres, esta piedra es una obra de arte que se lee de manera totalmente táctil, la palma de la mano desnuda es a esta obra lo que el oído es a la música, si se tocan las terminaciones nerviosas correctas se puede causar el placer más hogareño o el dolor más incomprensible y de esas sensaciones se puede crear una composición.”

-¿Cuál es el acertijo entonces? ¿Hay uno? –Exclamamos Juan y yo casi al unísono, debo confesar que me había contagiado un poco del momento y dejé caer sin cuidado mi mascara de viejo trotamundos al que nada le sorprendía.

“Claro que hay uno, descubrir las notas que están escritas en este pentagrama, ordenarla mediante una corrida en tiempo real, casi como si tocáramos un instrumento, imagina a cada cuadrante del caparazón como si fuera una tecla de un piano, mi tarea ahora será descubrir el orden en que tocar cada tecla para formar el orden progresivo perfecto, no se me ocurre más que decir que la escala va entre el placer y el dolor, sensaciones que traigan remembranzas de lo más recóndito de la memoria, la progresión debe ser perfecta, deberíamos empezar en el placer de la ignorancia y terminar en el dolor, el peso la revelación y los misterios del cosmos.”

-Supongo que habéis descubierto el inicio de la escala. –Interrogué mientras me acercaba aún más al mastodonte. –O algo parecido.

-Toca aquí, -mi sobrino dirigió mi mano a un cuadrante del caparazón como si la guiara a los lomos de una mansa pero voluminosa bestia, -dime que sientes.

-Una descarga. -Musité mientras pasaba suavemente la palma de mi mano por una superficie rugosa y punzante, era más que una descarga, su tacto produjo en mí el mismo efecto de tocar la piel desnuda y erizada de una mujer, en mis años de juventud, como si mi sangre subiera súbitamente de temperatura, la erección me sorprendió mientras aun trataba de entender la energía que estaba recibiendo a través de la palma de mi mano. –Es… increíble.

El joven Juan buscó replicar la experiencia en sí mismo, pero fue detenido por su padre, que con un gesto escueto le invitó a ser prudente.

-Ahora toca esta. –Rodrigo me condujo, empujando de mis hombros, al otro lado del domo e impuso allí mi mano sin un preámbulo, sin advertencia alguna, la frotó contra ese cuadrante, esta vez la descarga fue diferente, sentí punzadas terribles en las plantas de los pies, como si estuviera desnudo en medio de la corriente de un río amazónico y sintiera la presencia de un monstruoso reptil acechando mis carnes, mi acto instintivo fue saltar hacia atrás, luego echar a correr como si de eso dependiera mi vida, rodé sobre la hierba mientras luchaba por deshacerme de aquel escalofrió, hasta que comprendí que antes mis acompañantes parecía un estúpido. No quise decir nada más para no tener que insultar a mi querido sobrino, después de todo él era mi benefactor en esta aventura.

-¿Qué me dices, viejo? –Dijo Rodrigo tendiéndome la mano amablemente para levantarme, a pesar de la oscuridad, logré percibir en su rostro el esbozo de una sonrisa, una sonrisa con toda el alma.

-Que has descubierto un nuevo arte, sobrino. -Le palmee la espalda.

-Has tocado dos notas, desconozco si son el principio y el final, pero están en esa escala, Creo que la clave para pasar de una nota sensorial a otra es hacerlo mientras aún no desaparezca la descarga eléctrica y así lograr una difuminación perfecta de las sensaciones, para ello deberé dedicar algo de tiempo descifrando cada una de las caras de esta roca, son doscientos treinta y siete cuadrantes, no hay tiempo que perder.

En ese momento entendía por qué Rodrigo Moricz había dormido hasta entrada la tarde, pretendía hacer historia de la arqueología en la noche, aquella noche en particular no ofrecía más distracción que el arrullo del viento, ni aullidos lejanos, ni ululares de lechuzas, ni croares de ranas melancólicas, nada, como si no hubieran animales circundando el área, me pregunté si sería posible que todas las noches junto a la roca fueran idénticas a esa. Había algo en esa fascinación de Rodrigo, que me aterrorizaba un poco, pero no tanto como para expresarlo, ahora que ha pasado el tiempo, quisiera haber dado rienda suelta a aquella inseguridad tan extraña que germinó lo profundo de mi psique, quizá así aún hoy podría conservar mi inocencia, quizá así seguiría ahora siendo un viejo charlatán que finge conocerlo todo, pero no tener certeza de casi nada.

El doctor Rodrigo Moricz, catedrático de la Universitat de Barcelona, estudioso de culturas prehistóricas, comenzaba su faena notablemente excitado, yo diría que incluso torpemente excitado, si hubiera tenido ánimos de intervenir, le hubiera dicho que bajara un poco el fuego, o no lograría concentrarse, pero estaba cansado, mis músculos motrices protestaban, necesitaba descansar, mi sobrino se había puesto una linterna de las que se amarran al cráneo, en su libreta, garabateada hasta la saturación, procedió a realizar un plano algo rústico del monolito, le dejé hacer y procedí por comodidad, cual perro viejo, a realizar mi ceremonia para acostarme, sentí ya no podía hacer nada más por él esa noche, mi función en aquel viaje trascendía lo útil, simplemente era un apoyo sentimental y una fuente inagotable de felicitaciones y palmadas en la espalda.

Después de la parte excitante del descubrimiento sobrevino una etapa sosa en la noche en la que Rodrigo tomaba incontables notas para el armazón de su rompecabezas y yo no pude mantenerme en vilo, seguí con la mirada el haz de su linterna mientras pude, el viento helado me susurraba palabras dulces al oído, no me percaté del preciso instante en que me sumergí inexorablemente en mar de los sueños, fue gradual, sin embargo antes de caer aun pude notar que el joven Juan se había unido al asalto de Rodrigo por vencer el misterio de la roca de las osamentas, y que este había aceptado de buena gana la ayuda del muchacho, con la condición tácita de llevar el parloteo a su mínima expresión. Entre el resplandor de la linterna de mi sobrino, me pareció que aquella piedra era una bestia agazapada, una bestia sin piernas ni brazos, ni boca, ni colmillos, pero sin embargo terriblemente mortífera, descendía yo a cuentagotas en el reino de los sueños, el ritmo del ascenso al cerro Villonaco había sido terrible para un viejo como yo, obligado a jurar que estaba bien cada vez que Rodri me lo preguntaba, cuando en realidad cien agujas me traspasaban las caderas en los últimos tramos, ya estábamos en la cima y eso era lo que importaba, podría reponerme, me arrullaron también los ronquidos suaves, casi inaudibles del viejo Hugo, cuya tienda yacía a unos metros en la misma línea de la circunferencia, de cuyo eje hacía las veces el añoso monolito que nos ligaba allí en aquella noche olvidada en el mar del tiempo.

Nadaba en la oscuridad definitiva, sin embargo el agua era cálida, me sentía como tal vez un feto se siente interactuando con su líquido amniótico, totalmente ajeno a su situación, mis brazos y piernas se movían instintivamente, siempre había estado nadando, desde siempre, desde donde mis recuerdos se remontaban, lo inverosímil era lo normal, tal como sucede en los sueños. Entonces mi braceo chocó con una superficie dura, comprendí con naturalidad que era un bote y como el acto instintivo de un becerro con minutos de vida, que se pone en pie, subí a la embarcación, su textura era tosca como un pedernal de montaña, me agarré del estribo hasta lograr ubicarme dentro de la nave, noté cuando pisé dentro que la parte cóncava que contenía el fondo de la canoa era de un material blando, algo gelatinoso, al aplicarle toda la presión de mi cuerpo, mis pies se hundieron en él como en una cama de elasticidad infinita, en el pisoteo que siguió noté que herí la sensibilidad de un ser latiente y la parte cóncava de aquella nave comenzó a ceder hacia los lados, como si se estuviera abriendo una extraña puerta, a pesar de la negrura total, podía verlo todo de un extraño y crepuscular color púrpura, me agarré con fuerzas al estribo, sentí que si no lo hacía, caería hacia adentro de la nave, ya el piso había cedido dejándome colgado, observé con horror ignominioso que en el fondo de aquella espantosa nave de piedra, una cutícula reptiliana se abría, no me había topado con un bote, sino con un rocoso juego de parpados, con negrura absorbente, en aquel globo ocular ardía un resplandor lunático, finas vetas de color purpura que coronaban un iris ovoide y de un color incomprensible pero que en ausencia de luz era parecido a un rojo de brasa candente, estudié en aquel iris monstruoso, sobrecogido por el horror de saberme observado, él estudió en mí, y con un rayo fantasmal de odio incomprensible, actuó sobre mi cuerpo despojándolo de toda masa, de toda materia, el estribo rocoso al que me había agarrado dejó de ser tangible, sentí que mi cuerpo se disolvía en un polvo de finura microscópica, y pude extrañamente observar al ser que acababa de triturar mis cadenas de adn, porque a pesar de volverme tan pequeño, un ser sin razón, también tuve acceso a ver lo que ocurre en esferas de poder que los humanos no pueden ni imaginar, vi nebulosas colapsar y millones de estrellas desechas con la fuerzas de un chasquido, quizá un coletazo, un ser inmenso al estremecerse había ocasionado que su cuerpo destruyera dos galaxias, una contra la otra, supe con claridad que yo había provocado la inquietud de ese ser, que podía jugar entre sus garras con millones de constelaciones, mi esencia de polvo desvanecido por aquella mirada fue alejándose de aquellos acontecimientos catastróficos ocurridos a millones de millones de años luz, me alejé tanto que pude ver en aquel fondo negro que significaba la nada misma, el oscuro esplendor de su caparazón sobre el que pululaban las galaxias como moscas sobre una fruta madura, aquel ojo único que me había observado en realidad era tan inmenso como mil veces el universo conocido por el ser humano, estaba en todos los lugares a la vez, somos tan pequeños, y una simple mirada suya nos pulveriza hasta instancias moleculares, desaparecí en la negrura agradecido de dejar atrás la visión de aquel monstruo universal, se me regaló el don de la nada y a partir de allí pude descansar en paz.

Han pasado cinco años desde aquella pesadilla en la cima del monte Villonaco, una montaña donde por la noche no se escuchan chillidos de animales, cada vez estoy más seguro que no fue un sueño, sino una visión, una advertencia quizá, que no pude canalizar a tiempo, o un ramalazo de energía residual que se coló en mi cerebro producto de dormir tan cerca de la maldita roca, en cualquier caso, desearía que la conclusión cálida de vacío del final del sueño hubiese significado también el final de mi existencia y así no tener que seguir viviendo con la certeza que tengo y que nadie más en este planeta posee, exceptuando quizá a nuestros guías en aquel terrible ascenso a la cima del cerro maldito de Ecuador.

Una inquietante música me sacó del terreno cálido a donde mi sueño había desembocado, después de un primer contacto con la brisa matutina comprendí que no era música, era la alarma de un grito terrible de terror, tardé varios segundos en comprenderlo, al abrirse mis ojos lo primero que encontraron fue a la roca, me sentí aplastado, la luz ya se hacía presente tímidamente manchando la colina de un tono azulado, a unos metros de la roca el guía Hugo sostenía a su hijo inmóvil entre brazos y lloraba desgarradamente, no había rastro de Rodrigo, exploré violentamente el paisaje, encontrando entre la hierba azulada un hilillo negro de una sustancia viscosa, estaba extrañamente seguro que era sangre, casi podía oler su desagradable dulzor, me puse de pie en un salto.

-¿Pero qué mierda soñé? –Exclamé, quizá con un dejo maniático, lo repetí incansablemente. -¿Qué mierda soñé?

-Usted también vio eso, -la voz de Hugo perdida en llanto luchaba por prevalecer, sin éxito, -no debí aceptar este contrato, hay cosas que hay que dejar quietas, -un hilillo de mocos humedeció sus labios.

-¿Qué mierda soñé?

La imagen era lamentable, el joven Juan yacía en brazos de su padre, con los ojos abiertos, tanto como sus párpados permitían, miraba a la nada, ¿qué era lo último que en uso de su conciencia había podido observar? se chupaba el pulgar derecho mientras su padre le acariciaba el pelo y le rogaba que le hable, yo por mi parte, aún aturdido por los rezagos del sueño reciente que se negaban a abandonarme, buscaba desesperado alguna señal de Rodrigo, aún tenía la esperanza de que estuviera teniendo la misma pesadilla que yo tuve, entre los pliegues de su cama portable, quizá lejos, después de llevarse un fiasco con la roca, pronto gruñiría al despertar y pediría un poco de café.

-Por allá cayó el doctor, -musitó Hugo señalando un despeñadero algo lejano, colina abajo, -a mi hijo pude cogerlo porque también se iba a tirar.

Maldije a aquel hombre, pero una oscura y palpitante certeza me decía que mi sobrino sí había tomado ese camino, algo pasó en la noche de luna nueva, en silencio, mi corazón se convirtió en un caballo salvaje y me empujó hacia adelante, corriendo a contraviento, a esa hora el viento lastimaba con ondas heladas, poco me importó, un torbellino de terrible ansiedad amenazaba con llevarse mi alma, corrí como nunca había corrido hasta el lugar que el guía me había señalado, se abrió ante mí un despeñadero al menos a setenta grados de pendiente, luego de muro de peña virgen nacía un pequeño bosque donde predominaban los pinos, allá en el fondo, a unos cien metros en caída, pude ver el cuerpo de mi sobrino apoyado en un pino, sus pies sobresalían del bosque, cada uno en una dirección desquiciadamente diferente.

La ansiedad de mi corazón aceleró aún más, pensé fugazmente que reventaría , pero no me importó, comencé a descender por el peñasco helado sin reparar en la firmeza de mis pasos, estuve múltiples ocasiones a punto de desprenderme y volar por unos cortos segundos antes de que la gravedad me castigase con todo su rigor, sin embargo, no sé cómo, quizá algo que escapa de mi comprensión conspiró a mi favor, logré dar el último salto al pequeño valle, el cuerpo de mi sobrino que desde la altura había sido tan claro, desde el mismo nivel era rodeado por un nutrido grupo de árboles, oculto, penetré en el bosque pensando que mi corazón no daría más, amaba a ese muchacho, era la imagen viva de mi hermana, el hijo que de ser mi caso, hubiese querido tener, era tan joven, el próximo Abril cumpliría treinta y seis años, compartía conmigo el ideal de reducir la densidad poblacional mediante la determinación de no reproducirse, la única manera de salvar el planeta, pero le faltaba media vida por descubrir, media vida que yo ya viví, y que por cierto desperdicié, hubiera preferido estar en su lugar, que aquella fuerza extraterrena e inmensa me hubiera poseído a mi reventando mi alma en mil girones.

Pero no era yo quien estaba tirado, con el cuerpo quebrado, apoyando la cabeza en un pino, rodeado del tufo característico que emana la carne y sangre abierta en flor, fruto de un traumatismo brutal, era él, y verlo me rompió el corazón ¿Cómo le contaría a mi hermana que había perdido a su niño en un lugar tan lejano de casa?

Sus ojos estaban vendados con una camisa amarrada que cubría de la nariz hacia arriba, me aferré a la visión de la venda porque me resultaba insoportable explorar sus heridas, quizá se la había puesto para evitar contaminaciones visuales al momento final de por fin develar la escala de aquel instrumento táctil ¿Qué había visto?

-Arsenio. –Musitó el cadáver de mi sobrino. –Arsenio.

Me acerqué a él y lo agarre de los hombros con tanta ternura como me fue posible, sentí algo crujir en su interior, causando un quejido estertóreo en Rodrigo.

-No debí…

-Pude ver por dentro de las costillas de sus costillas, tío, es monstruosa, -su voz era débil, escucharla me alegró y a la vez devastó, debería estar sufriendo lo indecible, -sobre esta colina subyace un océano tan negro que es púrpura, la colina y el océano coexisten, es como si… -Un catarro pendenciero le interrumpió.

-Calma, hijo, calma, debo intentar entablillar… hasta que los paramédicos ¿Dónde queda el hospital más cercano? –Sucumbí a mi dolor y no pude más aguantar un sollozo desesperado. Sabía que eran los últimos minutos de mi sobrino, pero no era capaz de asimilar la idea.

-No debes temer ya por mi vida, tío, ya la perdí, debes preguntarme que es lo que vi, antes…

-Yo también lo vi, hijo.

Se movió quejumbroso, debo creer que intentando acomodarse, sus brazos estaban desechos, embutidos y molidos dentro de su camisa.

-¿Qué es lo que viste, Arsenio?

-Soñé, -me limpié los mocos, -soñé con un mar inmenso y silencioso, allí hay una bestia tremenda…

-Nos atrevimos a jugar con fuerzas que están más allá de lo que concebimos como el bien y el mal, -tosió, se notaba que hacerlo le procuraba un ramalazo de dolor inenarrable, -siempre quise encontrar un artefacto de hechura extraterrena, algo que comprobara que no estamos solos en este universo, que corroborara todo lo que había leído desde niño, siempre quise que todos esos libros no fueran charlatanerías, -hizo una pausa, -a esa piedra no la tallaron los indios, ya estaba aquí cuando ellos llegaron a estas tierras, incluso antes de que esta montaña se creara, la trajeron seres para los que el tiempo no es lineal, y que sin embargo ya desaparecieron en la marea de los eones. –Volvió a toser, escupiendo al final un hilillo de sangre y saliva.

“Pude completar la marcha de notas del acertijo de la roca, en recompensa mi conciencia fue expandida tanto que colapsó, fui llevado a distancias que el hombre nunca surcará, vi cosas que nadie jamás podría imaginar, la tortuga carga el universo, como lo dicen las leyendas, pero más que cargarlo lo mantiene cohesionado, ella y el cosmos cohabitan el mismo espacio, aunque a ambos los gobiernan distintas leyes físicas que a veces bajo ciertas circunstancias confluyen, la vi comerse una galaxia, después de chocarla contra otra, sonó como partir una nuez, tal vez era la nuestra, Arsenio, no comprendo cómo, esa bestia, esa bestia luego se rió, había pensado que no tenía conciencia, estaba muy equivocado, puedo jurarlo, esa risa, esa risa terrible, ella se comió la galaxia solo para que yo la vea, luego se rió, caí en su trampa, ella tira el anzuelo a través de los eones, no le gusta estar sola, nos atrae mediante estos monolitos porque no puede hacerse pequeña, pero puede atraernos a su hábitat, y luego nos devuelve con su esencia maligna a esta realidad, no podía vivir con eso Arsenio, yo… tuve que saltar, tuve... abandóname aquí, no dejes que ella…”

No volvió a hablar, mi consciente aterrorizado se negó lo que pudo a entender las últimas palabras de Rodrigo, sé que hizo un esfuerzo sobrehumano para hacérmelo saber, constaté su pulso ausente y le quité suavemente el vendaje de los ojos, como si siguiera vivo, los tenía cerrados, su rostro a pesar de estar golpeado, no estaba desfigurado, un surco sangriento recorría su parietal derecho, tal vez el impacto de una roca, fuera de eso parecía dormir, atravesar un sueño atribulado, como si no hubiese abandonado ya ese cuerpo.

No supe calcular cuánto tiempo permanecí así, viendo su rostro y pensando en cuan fuerte era el poder de la superstición, ahora que se había ido era como si el velo sobrenatural hubiera desaparecido y la mañana volvía a ser un día simple y sin contradicciones, veía todo con más claridad, habíamos sufrido una especie de histeria colectiva, producida por lo consistente que había sonado la explicación de Rodrigo del acertijo, durante esa noche mi sobrino de manera casi increíble se sumergió en la locura, la misma locura en la que sucumbieron muchos antes que él, cuyos huesos recién se descubrieron hace un par de décadas, maldije esa montaña amargamente, como pudimos haber creído en algo tan tonto como que una tortuga cargaba sobre su caparazón el universo, como es que ese mito había sido tan potente como para llevar a mi sobrino a saltar por un despeñadero creyéndose poseído por aquel ente irreal.

Ya había entrado la mañana a su máximo fulgor, cuando el guía Hugo y su hijo me alcanzaron al fondo de la pendiente, el viejo conminándome a descender a su aldea, el hijo absorto en la visión del cuerpo de mi sobrino, sin mostrar ápice de sentimiento, sin embargo ambos estaban más repuestos en comparación al momento de mi despertar, el shock de Hugo había devenido en preocupación, el de Juan seguía igual de potente, pero al menos se había dejado guiar por su padre.

-Debemos resguardarlo de los depredadores. –susurró Hugo, que cubría el cuerpo con ramas. –No podemos llevarlo ahora, sería demasiado pesado, debemos regresar con al menos tres hombres para llevar el cadáver al valle.

-¿Que fue lo que pasó allá? –Pregunté al joven Juan. -¿por qué dejasteis que saltara?

Silencio. El joven Juan parecía no advertir su situación, ni la de nadie, miraba cualquier punto, desentendido de lo que consideramos la realidad de las cosas. Comprendí que aquel adolescente también había sido víctima de la misma histeria colectiva que nos afectó a todos, solo el viejo Hugo, a pesar de la idiotez de su hijo, parecía mantener la elocuencia, actuando con celeridad para resguardar el cadáver y poder volver en paz a la aldea del valle.

Me pregunté que fue lo que le diría a Sonia, la madre de Rodrigo, ¿cómo le explicaría? ¿Cómo la prepararía para la noticia? ¿Qué argumento racional utilizaría para explicar aquella dolorosísima pérdida? ¿Cómo la consolaría? ¿Será que acaso me echaría la culpa? Me sentí una mierda por seguir pensando en mí y mis intereses en aquel momento.

-¡Sus ojos! –El grito de Hugo partió mi tranquilidad como un rayo fulmina un roble en medio de una pradera. -¡Sus ojos, Dios mío! –Sin comprender aún el contexto de sus palabras vi a Hugo alejarse corriendo desesperado, sin siquiera regresar a por su hijo, era claro que estaba huyendo de algo, ya a lo lejos lo vi tropezar estrepitosamente, quizá con la raíz de un árbol, se levantó en seguida aunque esta vez su ritmo mermó bastante, cojeaba notablemente hasta desaparecer de mi vista, nunca volvió la vista atrás.

El joven Juan se había levantado y yacía de pie sobre el cadáver, observándolo fijamente, un olor penetrante a excremento había inundado el área, rápidamente noté que el adolescente se había cagado encima, una mancha oscurecía sus pantalones, bajándole por las piernas, sin embargo seguía absorto en horadar con la mirada el cadáver de Rodrigo, desde mi punto de vista no podía observar con detalle que era lo que ocurría con el cuerpo, lo cubrían un sinnúmero de ramas.

“¡Sus ojos!”

Corrí hacia él con la estúpida esperanza de que siguiera con vida, el viejo Hugo había huido en medio de la tarea de tapar completamente el rostro y los hombros, por entre las ramas distinguí que el cadáver de Rodrigo había abierto los ojos, me paré junto al joven Juan, no me importó el inaguantable hedor.

“¡Sus ojos!”

Un humor purpura, con el resplandor enfermo de la gasolina al mezclarse con el agua había poseído los ojos muertos de mi sobrino, el brillo de la vitalidad les había sido quitado, sin embargo ese color me resultaba familiar, de aquel sueño tan extraño, aquel sueño cuyo significado ya había desechado a la basura en busca de un motivo racional para la muerte de mi amado sobrino, ese color tan negro que era un poco púrpura, el color de ese mar. Comprendí porqué Rodrigo se había vendado los ojos, eran lo primero que había sido poseído, ahora esa bestia inmemorial veía a través de los ojos muertos de mi pariente, él ya se había ido, sólo quedaba aquello que él había permitido entrar con esa especie de conjuro que era la roca de las osamentas, no pude soportar el peso de esa mirada, sentía que me aplastaría como un piojo retirado de una cabellera, huí sin condiciones de aquella montaña, no le hice caso al dolor de mis piernas, nunca miré atrás, huí de la aldea y luego del país, huí de mi propia vida, no podía nunca jamás soportar el peso terrible de ser tan minúsculo, hasta ahora siento que el peso de esa mirada hace presión sobre mis hombros.

He podido comprender con el pasar de los años es que las osamentas encontradas al pie de la roca no fueron en ningún caso sacrificios o que murieron intoxicados por una droga potente, al contrario, todos ellos resolvieron el acertijo, todos ellos ganaron el privilegio de una ameba que puede abstraerse del intestino donde vive y obtener una perspectiva privilegiada de la bestia que habita, el problema es que nuestra fisionomía y raciocinio no están listos siquiera para observar lo que hay afuera, mucho peor para interactuar con ello, desconozco que fue del cadáver, si se reanimó y aun camina por el bosque del cerro, o si se disolvió y volvió a aquella dimensión no apta para cuerdos, no sabemos cómo humanidad que privilegio tenemos al no haber sido percibidos por esa entidad, es la única explicación de que sigamos existiendo, quizá es consciente de nosotros pero no le importa devorarnos a menos que nos acerquemos mucho, tal vez está buscando la manera de llegar a nosotros con el único objetivo de eliminarnos de la existencia, la poca cordura que me queda me obliga a no querer responder esas interrogantes, divago con ellas gran parte de mis días, pero jamás las comento con nadie, jamás acudo a biblioteca alguna por información o miro a las estrellas sin obliteración, este fuego que arde en mí, conmigo perecerá. En el planeta son varios los monolitos misteriosos, que datan de épocas inmemoriales para el hombre, ocupando montañas misteriosas, alimentando mitos y leyendas, son simples carnadas para ellos, la perdición para nosotros.

miércoles, 12 de julio de 2017

Locke & Key de Joe Hill & Gabriel Rodriguez, la estirpe demoníaca se renueva.

Locke & Key es una historia de niños contra monstruos, tal vez podría clasificar (guardando diferencias de formato) como la nueva Los Goonies, sino fuera porque ya no es tan nueva, se concluyó en el 2013, además lo más macabro de los Goonies es el adorable gigante Sloth y de L&K... mejor no les ahorro los saltos. Sería la nueva It, razonable al mencionar que Joe Hill, el guionista, es hijo nada más y nada menos que de Stephen King (para el que a estas alturas no lo sepa), el creador de la novela del payaso Pennywise, pero no es lo mismo narrar en prosa que en viñetas, además Joe Hill ni siquiera quiso usar su mítico apellido en la portada de sus libros para no tener ventaja sobre otros autores y así poder demostrar todo su poder narrativo donde se debe -en papel-, el pequeño Joe ya está demostrando con cada bombazo no necesitar mucha ayuda externa para salir adelante y si sigue así muy pronto estará codeándose con los dioses del terror. L&K sería la nueva Stranger Things, con sus debidas delimitaciones, sino fuera porque fue creada antes que la mencionada, y que la propia ST es un homenaje a Los Goonies, E.T., It, Cuenta Conmigo y tal vez incluso a la propia L&K, en fin, mejor no compararlas, al fin y al cabo siempre estamos buscando estas historias en las que niños osados y soñadores viven todo tipo de aventuras en las que se juegan el pellejo, la obra de Joe Hill Y Gabriel Rodríguez está en la misma línea sólo que un par de escalones más al fondo en la escalera que desciende al sótano húmedo, frío y oscuro del género del terror.










Niños contra monstruos
Me ha tocado vivir ya en mi adultez algunas extrañas batallas internas relacionadas con la reconquista de la niñez dentro de mi espectro emocional, ha ganado importantes batallas en este último lustro, debo decir, me siento hoy más niño que en el 2012, estoy satisfecho con lo conseguido, no confundir, no pienso ni deseo ahora o en un futuro ser más niño que cuando tenía ocho años, he llegado a mi tope y considero que ciertas partes de la psique es mejor adaptarlas según las experiencias, ser adulto no es sino la evolución natural de la vida, no es malo crecer, ni las responsabilidades, ni el contacto con el mundo real, ni la pérdida parcial de la inocencia, en cambio si creo que se debe luchar por otra parte de la inocencia que perdemos inconscientemente mientras transcurre la adolescencia y la adultez temprana en las que nos enrolamos en una ideología de mercado (en la que incluso nosotros nos vendemos al trabajar para alguien más) que nos adhiere en el irrefrenable sistema socio-económico del que ya es muy difícil escapar.

Hablo por supuesto de la inocencia aventurera, soñadora, parte propia que cree en el monstruo del lago Ness, que adora el olor a hierba, que disfruta como se debe de una buena historia y desearía ver un fantasma, esa fracción de niño debería ser perenne en nosotros así se nos haría más sencillo amar sin condiciones, emprender nuevos retos y nunca dejar de innovar.


La cultura pop, si se hala de hilos específicos, puede contribuir a mantener al niño vivo; en mi rutina diaria me quedan pocas fuentes de recreación a parte de la literatura y el cine y he tenido la buena fortuna de haber tropezado ya en varias ocasiones con ese tipo de obras que conjugan la más llana cotidianidad con una esencia fantástica densa que habita bajo esta capa fina de aparente normalidad. Los Goonies de Richard Donner es una de las películas más añoradas de mi niñez, en su momento me convirtió en explorador empedernido que buscaba generalmente vestigios de las culturas perdidas entre las colinas de la finca de mi padre, soñaba con que el tesoro de Atahualpa estuviera escondido en una cueva llena de obsidianas al pie de la quebrada más alta de nuestro territorio. Más tarde, una vez hube cruzado el umbral de la adultez, llegó a mis manos un grueso libro un poco viejo en cuya portada aparecía un feliz payaso mostrando sus dientes en forma de cierra, el maestro Stephen King y su club de los perdedores me harían recordar el valor de la imaginación y las convicciones.


Aquí un servidor en sus años mozos junto al buen Sloth en pleno rodaje.

Años más tarde, precisamente en el 2016, pasé unas diez horas seguidas pegado a mi laptop, con los ojos bien abiertos ante la nueva reencarnación de la aventura infantil en busca de lo desconocido, esta vez nos enfrentamos al Demogorgon en Stranger Things. El primer capítulo es a mi gusto el mejor, la campaña de Dragones y mazmorras en la que Mike, Dustin, Will y Lucas se ven inmersos es una oda a la creatividad infantil, la más pura y nostálgica, en fin, haría falta algunos párrafos más para llegar al meollo del asunto del porqué me fascina tanto este sub-género de la ficción fantástica, quizá sólo sea que quisiera volver en cuerpo y alma a aquellos tiempos donde se me permitía errar tanto como quisiera, irme a dormir con los pies llenos de tierra y creer en duendes sin remordimientos por el que dirán.
En fin, como ya lo mencionaba párrafos atrás, Locke & Key significa un escalón más en la construcción de este sub-género, unas ochocientas páginas de pura magia.





 La casa de las llaves nos da la bienvenida.
 
De entrada se nos presenta a la familia Locke, un típico hogar californiano que veranea en su casa de campo, el pequeño Bode busca lombrices en el barro, la rebelde Kinsey y sus rastas rubias no hacen nada, el inconforme Tyler que debe ayudar a pintar la casa como castigo, la madre Nina hornea algo que huele realmente bien, el padre con la barriga pintada y brocha en mano, la presentación y la armonía en general dura pocas páginas y da paso a la angustia en ágiles secuencias cinematográficas, dos despiadados criminales han irrumpido en la propiedad de los Locke y en su infernal cruzada logran asesinar al padre antes de ser neutralizados, asistimos a los servicios exequiales de Rendell Locke donde se puede palpar el dolor al que se ve enfrentada la familia, en este escenario de acefalía, con una madre destrozada y entregada al alcohol, serán los retoños de la familia los que tomarán el protagonismo.

Obligados, tanto económica, como psicológicamente a alejarse de Los Ángeles, llegan al hogar ancestral de la familia Locke, dentro el apacible pueblo costero de Lovecraft, Massachusets para intentar cicatrizar las heridas haciendo borrón y cuenta nueva como buena familia americana de película de terror, pero la casa esconde cosas que se entrelazan con la realidad, cosas que sólo ciertos ojos son capaces de ver.




La casa de las llaves está llena de puertas, cerraduras y llaves por supuesto, llaves mágicas que al abrir una puerta transforman al que pase por ella, el primero en probarlas será el pequeño y curioso Bode, de hecho una premisa de la obra es que la magia sólo cabe en los cerebros humanos jóvenes, pero el hermano menor de los Locke no será el único productor industrial de travesuras alrededor de la casa, una fuerza oscura, antigua y de turbias intenciones alargará sus lúgubres dedos en pos de beneficiarse de las llaves.

La historia ya se encuentra cerrada y cuenta con seis arcos argumentales, uno más angustiante y delicioso que el anterior, originalmente Panini cómics la publicó en español en sendos TPBs por cada arco argumental (seis números por TPB) y recientemente lo volvió a editar en dos preciosos tomos en formato deluxe en tapa dura, lo que se merece.


Los colores de la magia

El encargado de los lápices es el chileno Gabriel Rodríguez que muestra una maestría para el detalle francamente incomparable, hablamos de un tipo con talento y amor por el dibujo, arquitecto de profesión que como botín de su crisis de mediana edad sacó nada más y nada menos que una refulgente carrera como dibujante de cómics, ha participado en ilustraciones de cartas Magic y en series de la editorial IDW, en 2008 conocería profesionalmente al retoño de Stephen King y sería amor a primera vista, profesionalmente hablando. Joe Hill tenía una idea para una serie regular que iba de casas, llaves y magia, la mezcla entre los dos autores fue como café con leche. El talento de Rodríguez es magnético, tiene la capacidad para reflejar en la mirada de los personajes su propia alma, sino hubiera sido así probablemente no nos hubiésemos prendado del personaje de Bode. Sus fondos están obsesionados con el detalle, el diseño de la casa es laberíntico y sus habitaciones con alma propia sacan a relucir las dotes arquitectónicas de un dibujante que no sólo diseña de manera soberbia los inmuebles de Lovecraft, sino incluso las mentes de sus personajes.


En fin, el dibujo es la amalgama perfecta para una historia que sólo podía haber alcanzado sus cotas máximas de la manera que fue producida, Joe Hill demuestra haberse leído de cabo a rabo todos los hitos de su padre y en esta ocasión presenta una historia de personajes, que Rodríguez sabe dotar de personalidad al llevarla al trazo, como lo mencionaba antes de manera un poco más críptica, los ojos grandes son quizá el mayor acierto del dibujante, al principio parecen desencajar con el tono de la historia, pero la duda no dura más de unas pocas páginas, el aspecto casi caricaturesco logra aumentar la tensión en los momentos "niños contra monstruos" en los que sufriremos para que nuestros torpes personajes salgan avante.
                
                                                                      Tres son multitud

Si al especular sobre la historia de tres hermanos en su día a día, avizoras aquella casa de San Francisco y aquella canción tan fastidiosa pero que te mantenía pegado a la tv y esas tres niñas rubias criadas por un maniático de la limpieza, un roquero fracasado y un sospechoso comediante, déjame decirte que no te equivocas tanto, ah pero no bajes tus expectativas tan rápido, Locke & Key sólo guarda de esa serie esa lealtad instintiva entre individuos co-sanguíneos, aunque a diario parezcan más perros y gatos que hermanos y ni siquiera confíen entre sí sus secretos.

La relación fraternal entre Kinsey, Bode y Tyler yo diría que es la misma que vivimos todos los que hemos tenido esa dichosa condena, con las rabietas, peleas, sopapos y las muy distantes y sutiles demostraciones de amor fraternal tan propias de las edades tempranas, en esta relación reside el corazón de la historia que no es más que otra de amor, aunque tan bien contada que no aburre y solo edulcora en momentos estratégicos que te harán seguir leyendo hasta altas horas de la madrugada, llegado cierto punto querrás pasar las páginas volando, otear el desenlace, es posible, pero recomiendo degustar con pausa cada viñeta, porque lo merece, una vez se develen los misterios y quieras volver para digerir el dibujo, no sería lo mismo. Nuestros estúpidos protagonistas necesitan de toda nuestra paciencia.

La trama contiene un hándicap algo común en este tipo de historias, pero necesario puntualmente para llenar vacíos argumentales: el adulto promedio es incapaz de distinguir la magia, se a alienado de los sueños, a abrazado la lógica como religión irrenunciable, está muy lejos de sus orígenes, incluso se da el lujo de menospreciar la imaginación infantil, tachándola de vacua, necia pero soportable, en verdad y dentro de la lógica de la novela, el necio es el adulto que aunque a rozado con la magia, decide tener visión selectiva, un mundo enteramente lógico, enteramente gris y cuadrado es una carga altamente estresante, así que desecha cualquier posibilidad de una realidad subyacente porque simplemente nos gusta creer que la sociedad y el sistema en general están bien así como son, debe ser la cultura de la rutina el único camino a seguir, tiene que serlo, sino sería demasiado pesado llevarlo a cuestas. Este es el mensaje en subtexto que yace al digerir la novela, el demonio usa a los niños para llevar a cuestas sus cometidos, no sólo por su inocencia sino porque creen en él, para él los adultos en cierta medida son discapacitados, su visión de túnel les cierra las puertas a toda la paleta de colores de la vida; así que, si solo los niños pueden ver la magia, hace falta ser un poco niño para disfrutar al cien por ciento de esta historia.

Como reflexión final te recomendaría que antes de leer esta novela, abras las puertas al niño que llevas dentro y que puede que yaciera acurrucado en el fondo de una celda oscura comiéndose sus propios mocos como único alimento, cuando hayas terminado de leer Locke & Key, no lo obligues a volver a entrar, déjalo jugar un rato, deja que se ensucie la ropa y se raspe las rodillas, bucea en la vida, admira el acompasamiento de la hierba al crecer paralela al terreno, de los colores y la anatomía de los saltamontes, del cielo al degradar sus colores todos los días al atardecer, date cuenta de una vez que la vida es más que encarrilamiento, no somos trenes, tenemos derecho a adentrarnos en el bosque a explorar. 

Nota: 10/10
Lo mejor: es una obra integral, no le hace falta nada, se queda en el corazón.
Lo peor: llegar al final y querer más.

domingo, 16 de abril de 2017

Los Borgia, o los políticos según Alejandro Jodorowsky

El multifacético artista chileno Alejandro Jodorowsky y el afamado dibujante italiano Milo Manara se unen para dar luz (una vez más) a la historia de una de las familias más controvertidas de la historia, la sola dicción de este apellido se me hace extrañamente similar a pronunciar por ejemplo Sodoma, un tabú que se va haciendo extrañamente delicioso a medida que se van pasando las páginas de este tomo integral, y ya se enterarán por qué.


Si empezamos por la portada ya se puede sopesar lo que se viene, de antemano la mujer con las piernas abiertas nunca sería publicada de esa manera en los Estados Unidos (bendito seas cómic europeo), he visto levantarse tornados de polvo por algún escote de super traje que sugiere más de lo que debería y no es ni un tercio de sexual que la bella Lucrecia Borgia tapándose sus partes con las rasgaduras de su vestido, pero bueno, acá tenemos entre manos a los Borgia y se merecen esa portada, no por nada son considerados la primera gran familia mafiosa de la historia y todo lo que ello conlleva.


Rodrigo Borgia inicia la historia como cardenal de Roma y sobrino del santo padre Inocencio VIII quien antes de evanecer le revela su deseo de que sea su sucesor como vicario de Cristo, desde entonces Rodrigo empieza a ser devorado por la ambición que tal sitial le genera, comienza a urdir un plan perverso para hacerse no sólo con el control de la iglesia católica sino de toda Italia y Europa; ya coronado como su santidad Alejandro VI convertirá el vaticano en la sede de una organización criminal a gran escala con el objetivo de sitiar a cada uno de sus cuatro hijos en lugares estratégicos que permitan elevar su apellido al de un linaje monárquico, dos de sus hijos compartirán protagonismo con Rodrigo, el rebelde guerrero César Borgia y su hermana de belleza sobrenatural Lucrecia, de ahí se desarrollará esta historia con la constante fascinación por el morbo con que Jodorowsky y Manara dirigen este tour de forcé, no se guardan nada y las atrocidades van desde el saco lleno de penes cercenados hasta el incesto en público, eso sí, el ritmo argumental y el bellísimo arte de Manara evitarán que se llegue a niveles escatológicos, después de lo escuchado parece difícil, pero en ese equilibrio entre asco y fascinación oscilan generalmente las obras maestras de este tipo.


Este tomo integral contiene los cuatro álbumes que conforman toda la serie publicada, cada una de las cuatro partes será una especie de escalón para las ambiciones de Rodrigo Borgia y su familia carcomida por el poder, se puede ver entre hilos (por los giros argumentales casi ridículos típicos del viejo Jodo) que de rigor histórico sólo tiene el título, la trama llegada a cierta conquista se torna desenfrenada, eso sí, no falta la filosofía entredicha en el argumento que termina rematándose casi a modo de moraleja. La excesiva idealización de sus tramas suele ser el error típico de Jodorowsky, al resolver los conflictos con momentos Deus ex machina (véase el desenlace de la trama del rey francés) que desnaturalizan un poco los argumentos haciéndolos parecer en algunos casos algo torpes, salvo por resoluciones de subtramas este cómic no es el caso, esto es una generosa capa de morbo puro recubriendo un fondo filosóficamente denso y al que no se accede si sólo se lee para ver culos. 

El entendimiento que tiene Jodorowsky de la política es un poco más oscuro que el que aparece en los diccionarios, la idealiza como el sustento del ego mediante el control de grandes masas de individuos, generalmente en todas las obras del chileno predomina el concepto del gobernante que administra a la chusma cual ganado -en el mejor de los casos-, generalmente son caricaturas exageradas del caudillo promedio, me gusta más la visión romántica de la política que Alan Moore imprimió en su V de Vendetta, el "gobiérnate a ti mismo" que tanto polvo a levantado en nuestros tiempos con la llegada de Anonymous, ambas obras intersecan en algunas aristas y ya habrá tiempo para hablar más tendido de la obra del inglés.



Y bueno, para finalizar hablar de lo mejor de lo mejor de la obra que son las chicas Manara, benditas tus acuarelas Milo Manara, de 216 planchas de viñetas, 216 obras de arte para enmarcar, nada más que decir.


Acércate a esta obra si estás cansado de lo típico, si buscas en el cómic contenido en subtexto, si nada del mainstream llena tu malhumorado paladar, o si por otro lado sólo quieres saciar el morbo, esto también puede ser considerado la más fina y profunda pornografía, para todos tiene.

Nota: 8/10
Lo mejor: Las acuarelas benditas de Milo Manara (me santiguo).
Lo peor: Generalmente los guiones de Jodorowsky son geniales, pero no llegan a cerrar, a ser lo suficientemente creíbles, lo mismo que sucede cuando uno ve por ejemplo su película "El topo", aunque hay que darle justicia al chileno y decir que es mucho más sobrio haciendo cómics que cine, pero la locura no se puede disimular tan bien, como el pensaría.

viernes, 13 de enero de 2017

La guerra interminable, de Marvano y Haldeman.

El ex-militar estadounidense Joe Haldeman y el artista belga Mark Van Oppen (Marvano) se unieron en 1989 para llevar la novela clásica de ciencia ficción (y antibelicista) "La guerra interminable" al noveno arte, con un resultado destacable, aunque sin llegar a ser lo suficientemente épica como sugiere la portada, su fuerte radica en la cruenta trama (científicamente verosímil) de Haldeman, convirtiendo al apartado gráfico en un espíritu que se deja llevar de la mano por su guía y que no por ello deja de llevar su esencia a lejanos confines del universo. 



Compré este ejemplar con el 50% de descuento en la Librería Clásica y Moderna de Quito, los colores de la tapa ya están un poco avejentados, pero el interior se conserva y es lo que vale, me he topado con un pequeño tesoro, y bueno, ya está a salvo de la inclemencia del sol, el polvo y los manoseos a los que tiene que sufrir un libro despreciado.

William Mandela se alista en el ejército luego de que una nave terrestre sea destruida por fuerzas extraterrestres (los taurinos), es la primera vez que la raza humana establece contacto y o coincidencia, es empujada a una guerra interestelar, para hacer posible este contacto ha tenido que descubrirse el salto colapsar que permite al ser humano viajar entre sistemas estelares superando la velocidad de la luz. Los primeros capítulos seremos testigos del entrenamiento de Mandela y su escuadrón, que se enfrentarán a las más cruentas condiciones de adiestramiento, la angustia se mantiene (como comerse un puño cerrado) hasta la primera batalla.



El gran protagonista de la novela junto a Mandela, son los saltos colapsares, pues si bien permiten superar en cierto sentido la velocidad de la luz, a la vez magnifican la relatividad del tiempo, es decir que mientras para los soldados pasan no más que meses, para la tierra -y su civilización- pasarán años, dependiendo de la distancia a recorrer en el salto, por lo tanto cada vez que el pelotón vuelva a casa se encontrará con una nueva versión de la humanidad, es imposible que luego de aquello no sintamos un nexo especial con los soldados, por ser especímenes de nuestra versión de la humanidad que en aquel planeta tierra extraño no sirven más que como morbosas atracciones para el populacho, lo cual me ha hecho plantearme seriamente sí, de tener la oportunidad en mis manos, optaría por viajar al futuro, he llegado a sentirme aterrado por las directrices que la conciencia humana podría tomar. Pasarán muchos siglos y la humanidad seguirá en guerra con los taurinos, la tecnología armamentística aumentará pero el tiempo jugará el papel dramático principal de esta historia, que ya tengo ganas de leerla en su versión literaria pues se ve de sobremesa que para poder agilizar la narración secuencial se ha omitido muchos (y jugosos) detalles que quiero conocer.

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He olvidado mencionar que el tomo contiene dos novelas gráficas, la mencionada "Guerra Interminable" de 1989 y su secuela "Libre para siempre" que volvió a unir a Haldeman y a Marvano en 2009, siendo a mi gusto la primera mucho más contundente que la segunda tanto en el apartado argumental como en el gráfico, y eso que la segunda está mejor dibujada, o más que mejor dibujada, realizada en otra era del arte, siendo dibujo (y guión) con gusto a genérico, mientras que la primerísima adaptación de 1989 fue sacada a priori en blanco y negro, siendo coloreada para su versión integral, salta a la vista que Marvano dejó una parte de sí en las viñetas, página tras página exuda aquella pasión que se ven obligados a vivir los soldados, el autor transmite su amor por el arte mediante su obra, en Libre para siempre a pesar de no encontrarle peros gráficos, si le hace falta ese contenido intangible de su predecesora, será por eso que llega a desinflarse tanto que uno llega al revelador final -revelador en todas sus letras- y no puede evitar pronunciar un desganado y genérico ¡Meeeh!


Mi reflexión final como amante del cómic y de la ciencia ficción es ¿como pude resistirme a este clásico adaptado al cómic que por tanto tiempo estuvo con cincuenta por ciento de descuento en la librería que frecuento? No lo sé, quizá me dejé llevar por la corriente del consumismo, las joyas muchas veces están frente a nuestros ojos y decidimos pasar de ellas porque nos encandila más el continuar con aquella producción inhumana que nunca para y nos supera en todos los sentidos, poniendo novedades ante nuestros ojos a tal velocidad que... es tan difícil ser pobre. :´(

La guerra interminable es un imprescindible, es una obra hecha con gran pasión por el arte y en contra del horror de la guerra, y que no te dejará indiferente pues te ofrece además de entretenimiento aquella dosis de reflexión que en nuestros días es difícil encontrar en el noveno arte, al menos en la zona mainstream, quizá no colocaría a esta obra en mi top 10, tal vez lo haga después de una segunda lectura, pero si tiene un rincón muy preciado en mi estantería, además que supone un delicioso primer acercamiento al cómic franco-belga, si hay más como esto, me declaro fan inmediato.



Nota: 8/10
Lo mejor: El argumento bestial de Joe Haldeman, la pasión con que dibuja Marvano
Lo peor: que la segunda mitad del tomo desinfla bastante el sabor de boca final de esta adaptación integral, totalmente innecesaria secuela.

martes, 6 de diciembre de 2016

Choque de reyes de George R.R. Martin, la cruel realidad de un mundo de fantasía.

Sin darme cuenta, he comenzado a engancharme a sagas, sabe R´llor que hace un par de años renegaba de las historias largas, siendo mi presentación literaria preferida las antologías, de manera natural y conforme me desarrollaba como lector, sitié al relato corto en un merecido pedestal como la "forma perfecta de crear ficciones", ahora que han corrido las aguas y yo con ellas, no reniego de ello, la corona de laurel sigue intacta, simplemente que he comenzado a encontrarle gusto a los diseños exhaustivos de mundos y a coleccionar ingente cantidad de información friki (inútil pero sabrosa) mediante post it estratégicamente colocados como marca páginas en volúmenes cuyo lomo suele desafiar la longitud de agarre de mi mano, pistas por aquí y por allá, que si Rhaegar esto, que si Meñique tranzó de esta o aquella manera, que si los colmillos helados, que si es posible imaginar a Tyrion luego de Choque de Reyes, en fin, sabrá el todopoderoso George R.R. Martin cuanto he gozado explorando Poniente, y algo me dice que aún sigo en la punta del iceberg al terminar esta visita. Las sagas pudieron conmigo, no se diga más de eso.


Choque de Reyes es la segunda novela de la saga de canción de hielo y fuego, continuación de la primerísima Juego de Tronos, y aunque a priori es mucho más sangrienta que la anterior, hecho en falta aquel golpe de efecto que generó la primera luego de cierta decapitación, porque ahora soy consciente de que cualquier cosa puede pasar, así que las sorpresas ya no serán lo mismo viejo Geroge ¿o no? sin embargo hay que entender a Choque de Reyes, pues la considero la evolución natural de la saga, una especie de eslabón entre los hechos ya desatados, y lo que sea que vendrá, algo me dice que esta guerra es más que espectáculo, vísceras y cabezas rodando, siendo en realidad un hilo conductor de hechos más contundentes que se van cociendo a fuego muy lento, me sorprendo de poder con tanta ansiedad, es que simplemente quiero saberlo todo ¡Y ya!

Mientras tanto, cada quien se ha tomado su parcela de Poniente proclamándose rey, y por supuesto, iniciando una guerra cruenta y sin cuartel, algunos reyes surgen por necesidad, por honor o justicia, otros por ambición, o una mezcla de varias y ninguna a la vez, pero como dice El Perro, "todos son asesinos", de manera que el umbral del bien y el mal es del grosor de un hilo de diamante, con la condicionante de que a la final el trono de hierro solo tiene espacio para uno y la seguridad de que tarde o temprano la densidad de coronas de Poniente descenderá dramáticamente.


En la primera esquina, proveniente de Desembarco del Rey, apenas a comenzado a vivir la adolescencia, lo cual no es impedimento para haga gala de la más básica crueldad, el cachorro de león, el ensartador de gatos y hacedor de viudas, Joffrey Baratheon, que para disgusto de muchos sigue vivo y coleando y se ríe de la justicia porque tiene el poder de moldearla a su gusto, muchos dirán que no es él quien manda, pero se sienta en el trono de hierro y por el momento eso basta para tenerle en cuenta.

En la siguiente esquina, uno de mis personajes preferidos de lo que va de la saga, un hombre que ha sido devorado por su sentido del honor haciendo alegoría al blasón que ha adoptado, el venado llameante, Stannis Baratheon, se considera el legítimo aspirante a la corona, y según Melisandre, la bruja que le da consejo, es el rey que fue prometido, es apasionante observar las fluctuaciones de conciencia de Stannis, llegando a la conclusión de que para él no existe el bien ni el mal, sólo el deber, y cualquiera que se interponga entre él y su deber, es su adversario.

El tercer aspirante, el Baratheon menor, Renly, seguido de su guardia multicolor, y medio reino, ve la oportunidad y no la puede dejar escapar, pues es señor de Bastión de Tormentas, el hogar de los Baratheon y gracias a su situación logra hacerse con el mayor ejército de Poniente, de visión más distraída y romántica, Renly emprende un lento camino hacia Desembarco del Rey para reclamar lo que desea, como diría Rosana, sin prisa pero sin pausa.



El cuadrilátero lo cierra el joven lobo, el rey del norte, un niño que lo disimula bien pero no tanto, el primogénito de lord Eddard Stark, el bienamado Robb, que es capaz de mostrar una sagacidad abrumadora en el campo de batalla y a la vez tomar cierta decisión infantil que podría ser decisiva, sin embargo representa la vena indomable de Poniente y encabeza un ejército al que le sobra en valentía lo que le falta en número, el norte está sediento de justicia.

He nombrado cuatro porque el quinto no hace falta para esta crónica, haciendo analogía, al cuadrilátero, este sería el luchador que entra de improvisto y le revienta una silla en la espalda al que estaba haciendo méritos para ganar, es la cuota de tierra que Martin echa sobre tus ojos, para que, como dice el título de la saga, pases del hielo al fuego, del enamoramiento a la aversión, sin que esto resulte un lastre a la novela, porque si bien estos pasajes me fueron difíciles de digerir, el odio es tan buen motor como la empatía y una vez que arranca, va a toda marcha, de nombrarlo estaría destripando un par de líneas argumentales, así que mejor lo dejo así, sólo prometiendo que no les dejará indiferentes.



El estilo se mantiene tan simple y preciso como en Juego de Tronos y me parece que esta simpleza engrandece los detalles del mundo que se describe y de la historia en sí, las pequeñas pistas son más fáciles de captar, casi palpas la grasa de cerdo que resbala por la comisura de la boca de Tyrion, la media sonrisa de Cercei no necesita más analogías, adjetivos o cualquier recurso literario más que su sola pronunciación para que sepamos que trama algo, el estilo llano empuja la historia hacia adelante, y en una obra tan extensa y rica en rincones oscuros como esta, eso se agradece.



Pero ¿acaso esta segunda novela trata solo de cinco reyes y una guerra? Exceptuando a Stannis Baratheon, y a Tyrion, los mejores personajes de esta saga son los niños valientes que se enfrentan a lo desconocido, lo malvado, lo desolador y salen, sino vencedores, un poco más maduros que antes, este desarrollo de personajes se torna delicioso en ciertas ocasiones, porque uno como lector es capaz de sentir la lucha interna del niño y el guerrero, de la niña y la reina, del niño y el verdevidente, de la niña y la asesina, el shock se hace presente porque te propone como lector adulto -si lo fueras- una segunda pérdida de la inocencia.

Las pequeñas delicias acompañadas de resoluciones argumentales con cliffhangers sencillamente magistrales (Tyrion), le dan a esta novela un bouquet a un nivel más alto que su predecesora, se refuerza la intriga, la leyenda, la épica, la cruel realidad de un mundo de fantasía, donde si bien existe una incipiente magia, tiende a dominarlo todo el hambre de poder, de amor o de simples riquezas.


Han aumentado las líneas narrativas, aunque no la densidad de la lectura que se mantiene un tanto grumosa al igual que su predecesora, hay personajes y tramas que simplemente tardan en despegar. En esta ocasión se añaden las voces de Davos Seaworth, apodado el caballero de las cebollas y fiel consejero de Stannis Baratheon, que será los ojos del conflicto que se desarrolla en el sur no tan al sur de Poniente, además de la voz de Theon Greyjoy el pupilo de Ned Stark que hará su propio camino hacia las islas de sus ancestros, los hombres del hierro, además de los narradores que ya fueron presentados en la pasada novela, cada uno interesante a su manera.

Uno de ellos ya empieza a encontrar su lugar en el mundo del que se sentía ajeno, las misiones y misterios no le faltan, estoy hablando del bastardo preferido de todos; Jon se ha embarcado junto a una compañía de avanzada de la guardia de la noche en una misión de exploración más allá del muro, que pinta para ser una de las líneas principales del argumento global, -¿como no voy a saber? si ya vi la serie ¿que gracia no?- a lo largo de su exploración, y a través de sus ojos, a Jon se le irán revelando algunos secretos bastante jugosos -que no se mencionan en la serie- para todo amante de la fantasía.



Los capítulos de Catelyn que en el primer libro me entorpecieron el ritmo de lectura, ganaron algunos dividendos gracias a la evolución del personaje, o más que evolución, gracias a que sabemos un poco más de ella, se completan las aristas y se incrementa el volumen de carácter de la madre devota que en juego de tronos parecía un personaje cliché que servía sólo para desatar guerras de manera impulsiva, mediante sus ojos seremos testigos de algunos de los pasajes más interesantes de esta guerra. A Theon me ha costado cogerle el golpe, de hecho el parón de lectura que tuve, allá por la mitad del libro fue con la incursión de los capítulos descritos por el personaje, cuando empecé a odiarlo ya se hizo más fácil seguir el hilo.

En juego de tronos los capítulos de Bran fueron mis preferidos por la cantidad de información que daban sobre el "lore" del mundo de hielo y fuego, en cambio acá se tornaron confusos, quizá porque significan el nudo que viene antes de las revelaciones sobre el futuro del personaje, y su papel a cumplir en la historia, pero bueno, al menos al final recupera ese tono misterioso que tanto me encantó en Juego de Tronos, de los capítulos de Arya rescato su evolución de niña a ¿guerrrera? a muy temprana edad, a pesar de que la historia no avance, no se hace para nada lenta la lectura.


Para finalizar quisiera remarcar si ya no lo he hecho que me he enganchado, no sólo con la serie sino con este sub-género de fantasía "realista" y ya barajo varias opciones de como seguir una vez llegue a la cima de este rascacielos en construcción.

Lo mejor: El argumento y Tyrion Lannister.
Lo peor: Lo grumoso del avance, en algunos capítulos (pocos) demasiado denso, aunque lo compensa en sobradas ocasiones avanzando como un velero con el viento a favor.
Nota:9/10

Y no podría irme sin enunciar las delicias de nosotros los frikis, que son las pequeñas referencias.

Empiezo en la página 106, Jeor Mormont le relata a Jon sobre la estirpe del maestre Aemon, uno de sus ancestros, Aerion El Monstruoso, pensaba que si se bebía una botella de fuego valyrio se convertiría en dragón, no pasó de convertirse en ceniza de huesos, pero la idea resulta interesante pues en la saga de hecho contamos con un integrante de sangre Targaryen que a su vez es ignífugo ¡Imaginen las posibilidades!

Página 147, Stannis es "bautizado" como el príncipe prometido Azor Ahai, se menciona que el príncipe barrerá la oscuridad por donde camine junto con su espada Dueña de Luz, ¿eres tú el portador de la espada roja Stannis Baratheon?

Tercera referencia, página 195, Daenerys encuentra en la abandonada Vaes Tolorro, su refugio ideal para repostar fuerzas, envía a sus jinetes de sangre en sendas direcciones para explorar en busca de esperanza, al volver Rakharo cuenta como se encontró en medio del desierto con la calavera de un monstruoso dragón, cuenta que de hecho, el y su caballo pasaron holgadamente por entre sus mandíbulas huecas ¿Algún dragón famoso?

Lord Wyman Manderly visita a Bran, señor regente de Invernalia, páginas 232-233, ser Rodrik enuncia a oídos del pequeño lord, que lord Manderly, señor de Puerto Blanco y el hombre más gordo de Poniente, "no recorrió cien leguas sólo para compartir un banquete" ¿hay cien leguas entre Puerto Blanco e Invernalia? si es así, se puede hacer el ejercicio de medir las cien leguas (500 km) en un mapa real, lo hice en Google maps, específicamente en el mapa del estado de Florida, es la misma distancia que hay entre Miami y Jacksonville, poniendo en perspectiva ambos mapas se puede intuir que las tierras del norte tienen aproximadamente la superficie de la tercera parte de Estados Unidos, una extensión nada despreciable.

"...Antes que ellos estuvo Joramun, quien hizo sonar el Cuerno del Invierno, he hizo despertar los gigantes de la tierra". Le dice el lord comandante Mormont a Jon antes de emprender camino más allá del muro, página 352, mucha enjundia en pocas frases.

Bran El Constructor, antiguo rey del norte, hizo los planos de Bastión de Tormentas nada más siendo un chiquillo, ocho mil años antes de los hechos de CDHYF, página 434, una jugosísima referencia para los que han visto la sexta temporada de la serie, no puedo decir más porque aumentaría mi fama de aguafiestas, simplemente ten presente esta referencia, en los libros hay pequeñísimas referencias, que son auténticos disparadores hormonales.

Página 590, Varys relata su triste historia, desde su castración por un mago chiflado hasta su llegada a Poniente y posterior ascensión como señor de los susurros del rey ¿destino?

En las páginas 638 y 639, Daenerys se encuentra cautiva en la casa de los antiguos, en Qarth, es partícipe de una visión, que prácticamente podría ser una profecía, "es el príncipe que fue prometido, suya es la canción de hielo y fuego", "el dragón tiene tres cabezas", este pasaje seguro es una pista de tamaño del iceberg que hundió al Titanic.

Jaime Lannister se excusa del delito de matar a su rey Aerys II, en tanto también relata porqué fue que los Stark entraron en la rebelión, relato que ayuda a ver desde otra perspectiva los sucesos de CDHYF, páginas 724 y 725.

El olvidado

  El otrora más temido mausoleo de los viejos pueblos, hoy un apestoso habitáculo común entre los descendientes de Gorlois, al que llaman pa...