viernes, 12 de febrero de 2016

La chica mecánica de Paolo Bacigalupi: condimentos raros, difícil de digerir, pero muy nutritivo.



Jamás estarás cerca de imaginar de que va la chica mecánica sin antes haber leído su sinopsis; lo que pasará en realidad es que imaginarás una ciencia ficción romanticona, light, olvidable después de una noche de buen sueño, nada que contenga una enjundia a considerar, por eso es que te reto a qué, si compras el libro, te abstengas en lo posible de hacerte un preámbulo, llévate la sorpresa, paladea su sabor por primera vez tal y como Anderson Lake saborea el exótico Ngaw, las primeras páginas son en verdad desconcertantes y deliciosas, porque el universo en el que se ubica Bangkok del futuro comienza su lento trajín de escanearse en tu cabeza, sino la has leído, corta esta lectura y a ello. Te sentirás al menos refrescado/a.

Por otro lado, si deseas destriparlo todo -no todo, en realidad-, adelante.


Es el siglo XXII y el mundo capitalista de ambiciones desmedidas, Lamborghinis bañados de oro y platos a medio comer se ha ido a la mierda en un suceso llamado "La Contracción" (a lo largo del libro tendrás que intuir que sucedió), la nueva moneda de cambio se llama energía, el lugar es el reino de Tailandia, blindado a los extranjeros religiosamente bien, el reino sobrevive cuando algunos de sus vecinos han sucumbido a las superenfermedades que arrasan fauna y flora por igual, así como a las corporaciones que mueven los hilos del mundo, los "fabricantes de calorías" y sus semillas estériles no solo han logrado patentar la naturaleza, sino corromperla; conmueve -aunque a simple vista parezca que no- leer sobre un mundo donde no existen los limones, naranjas, toronjas, ni aquellas pelotas amarillas, las pitajayas.

Anderson Lake es empleado de la avariciosa e internacional AgriGen y busca hacerse con el banco de semillas que el reino esconde tan celosamente, en su camino encontrará variopintos personajes, entre ellos magnates mafiosos que comercian con mierda, y neoseres, especie a la que se debe el nombre de la novela. La descripción del mundo es apasionante y empuja, va brindando pequeños misterios en el camino que te hacen preguntarte ¿a donde a llegado -o llegará, pues la teoría es muy plausible- la deshumanización?


Bacigalupi prioriza la atmósfera aún por encima de la acción, he sentido a los personajes como eso, pequeños parásitos dentro de un intestino de concreto, todo lo que hacen es superado por el entorno, ninguno de ellos llega a salir de su crisálida de héroe o villano, y es que no lo pido a gritos, siempre me agrada una historia realista, pero me parece que en ese realismo el drama y la acción se ven opacados, nos encontramos con personas "mundanas" que realizan acciones cotidianas, y aunque algunas veces se vuelvan temerarios y desafíen el ritmo de la lectura con una irrupción de adrenalina, no he sentido aquella aceleración que se supone debería, no lo hecho en falta, me parece que la historia es lo que es y nunca se esfuerza por agradar, si por dejar marca, y que la deja.

Su sello sobreviene una vez se termina la lectura y la herida no se borra del el corazón, pues si bien no se llega a empatizar totalmente con los personajes, si se logra crear un lazo con aquel mundo distorsionado que busca establecerse de una forma u otra, la naturaleza al igual que una planta trepadora tiene muchos caminos por donde buscar su perpetuidad. 

Es una novela sobre la adaptación de las especies, con un claro y esperanzador mensaje final: (SPOILER) el hombre y sus ideas han sido asimilados por la naturaleza, la vida perdurará.

Puntuación: 6,5
Lo mejor: La conciencia que genera en favor de la vida, esta novela deberían leerla todos los ambientalistas y los no ambientalistas también, pues más que entretenimiento lo he considerado un mensaje.   
Lo peor: Definitivamente no es lo que esperaba, lo cual desmerece el resultado final.

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