¡Al diablo todo! Me volví adicto a los cómics desde que tropecé con personajes con un carisma tan inmenso que no necesitan de mallas para enamorar a la masa de nerds viñetera, podría decir que nunca me atrajeron hasta ayer; en pocas palabras, no soy de superhéroes, era un Cristóbal Colón que buscaba las Indias y tropezó con América, divagaba por la red esperando tropezar con el kraken literario, entonces me encontré con el sufrido Gatsu, el gran corazón de Anung Un Rama, Mr. Edward Hyde (de los cómics) aquella bomba constantemente a punto de explotar, el suspicaz Art Spiegelman, mi mundo cambió para siempre, la paleta de las artes -percepción de mi psique- obtenía otro color que aún no había catalogado, y que ciertamente podía hacer estallar tu cabeza con genialidad, pudiendo ser una experiencia tan profunda como la lectura convencional, si la lectura alimenta tu imaginación, el cómic la premia, el derroche de colores, en más de los casos brinda una experiencia cuasi psicodélica.
El camino del héroe siempre será el mismo, eso es precisamente lo que a dos tiempos, nos acerca y aleja, en ocasiones el héroe se disfraza de antihéroe, por código moral, motivaciones, acciones en el universo que habita, en los tiempos que corren sólo debería existir el antihéroe, el personaje sucio, inclemente, gris, como la vida misma. La sociedad y el mercado en general se mueven al son del blanco y el negro, arriesgarse a explorar el centro es muchas veces arriesgarse a salir de lo comercialmente asequible, pero indudablemente las simas más profundas de todo abismo siempre irán al centro, la generación que se crió con guerras televisadas y asesinatos en la tienda de la esquina preferiría lo gris, indudablemente, somos naturalmente morbosos, exploramos lo que nos parece incomprensible, nos fascina. A pesar del mercado blanquinegro que domina el cómic en general, algunas excepciones grises han logrado meterse en el imaginario colectivo, o protagonizando directamente, otras han servido como piedra base para el cómic alternativo de hoy en día.
Podría hablar eternamente del cómic de héroes y sus posibilidades de exploración, sin embargo ahora me toca informar, y recomendar, o no, sobre una de las más recientes entregas de uno de los personajes insignes del cómic y que por ciertas circunstancias azarosas del destino terminó en mis manos; el Juez Dredd, el clásico de clásicos de la revista 2000 AD, del cómic británico y el abuelo de los modernos antihéroes. Una historia que lleva más de 40 años desarrollándose.
Uno pensaría que un cómic con tan larga vida tiene que haber hecho realmente bien las cosas, y es que la premisa promete, mundo distópico postapocalíptico, protagonista que vive en el umbral entre el heroísmo y la villanía, da para mucho desarrollo, aquí la motivación es la ley, en capas más profundas vislumbramos una atracción poderosa a la violencia por parte del personaje principal, la ley como pretexto es el verdadero motor.
Sin embargo, más allá de su conciencia granulada por la suciedad y de los planteamientos postapocalípticos, no hay otra luminaria en esta historia, todo gira en torno al personaje principal y llega abusarse de sus capacidades, siendo mencionado en varias ocasiones como un "indispensable" la la supervivencia de la Mega City One, y por qué no, del planeta entero, un héroe al que ni siquiera la radiación extrema se atreve a afectar.
Hacen falta pocas páginas para darse cuenta que el guión no buceará mucho más allá del ego de Dredd, lamentablemente, se me ha hecho muy difícil pescar algo de carisma en la historia, pero supongo que debe ser así, a lo largo de cuarenta años de publicación la historia no ha evolucionado mucho, y luego de leer esta novela, no me hace falta, la verdad, leer nada más de este personaje, no me atrae, prefiero ver a sus versiones contemporáneas, como el irrascible Wolverine, lo cual no quita que le esté profundamente agradecido a la idea germinal de otorgarle al héroe algo de humanidad, despojar la moralina se agradece, en su tiempo toda una novedad, ahora parte de la histora, los nietos de Dredd de otras editoriales son los más beneficiados, sin embargo el abuelo tiene la estrella de ser el primero, y aquella nostalgia es la que hace que muchos de sus lectores vuelvan a él casi a modo de homenaje.
En fin, la recomiendo, pero solo para fanáticos del cómic, y de su historia.
Lo mejor: que su esencia se mantiene intacta, es fácil escarbar y saber con qué aportó al futuro del cómic.
Lo peor: no ha evolucionado.
Nota: 5/10 (Por la gratitud).
Sin embargo, más allá de su conciencia granulada por la suciedad y de los planteamientos postapocalípticos, no hay otra luminaria en esta historia, todo gira en torno al personaje principal y llega abusarse de sus capacidades, siendo mencionado en varias ocasiones como un "indispensable" la la supervivencia de la Mega City One, y por qué no, del planeta entero, un héroe al que ni siquiera la radiación extrema se atreve a afectar.
Hacen falta pocas páginas para darse cuenta que el guión no buceará mucho más allá del ego de Dredd, lamentablemente, se me ha hecho muy difícil pescar algo de carisma en la historia, pero supongo que debe ser así, a lo largo de cuarenta años de publicación la historia no ha evolucionado mucho, y luego de leer esta novela, no me hace falta, la verdad, leer nada más de este personaje, no me atrae, prefiero ver a sus versiones contemporáneas, como el irrascible Wolverine, lo cual no quita que le esté profundamente agradecido a la idea germinal de otorgarle al héroe algo de humanidad, despojar la moralina se agradece, en su tiempo toda una novedad, ahora parte de la histora, los nietos de Dredd de otras editoriales son los más beneficiados, sin embargo el abuelo tiene la estrella de ser el primero, y aquella nostalgia es la que hace que muchos de sus lectores vuelvan a él casi a modo de homenaje.
En fin, la recomiendo, pero solo para fanáticos del cómic, y de su historia.
Lo mejor: que su esencia se mantiene intacta, es fácil escarbar y saber con qué aportó al futuro del cómic.
Lo peor: no ha evolucionado.
Nota: 5/10 (Por la gratitud).

