
Humanos con máscaras de roedores, eso es todo, el resto es una historia tan humana, con olor a humano, sabor a humano y alma humana, acabas sintiéndote atrapado por ella, te impregna con su humanidad, yo diría que al finalizar terminas siendo más humano de lo que eras.
Siempre tuve ganas de leerla, y cuando por fin llegó a las librerías de nuestro inhóspito Ecuador, no dudé, la arrebaté de las manos de cualquiera que la hubiera comprado confundiéndola con una novela cualquiera de la reedituable temáticamente segunda guerra mundial. Maus es una joya, y la devoré en dos bocados, consecuencias: remarcación de ojeras y una sensación de vacío brutal al terminarla, es que, como ya dije Maus te deja más humano, pero no puedes evitar extrañar a esos condenados ratones.
El propio autor, Art Spiegelman co-protagoniza la novela gráfica con su padre, el cual es la verdadera razón de ser de esta obra, Vladek Spiegelman, judío polaco, que pasó de ser un exitoso empresario a un astuto superviviente de la segunda guerra mundial; y luego padre, marido, ser humano con hondas cicatrices que nunca dejaron de doler aunque no lo notara.
La historia se desarrolla en dos líneas de tiempo, el "presente": 1978-1979, y el pasado: 1930-1945, y es la historia de un hijo artista, que entrevista a su padre sobre su historia de supervivencia, al tiempo que transcurre el día a día y conocemos más de la personalidad de Art y de la verdadera personalidad del padre, aquella que no nos es narrada en la entrevista.
La narrativa rehuye de la linealidad y adopta una forma dinámica en la cual, en una página te encuentras a punto de llorar y en la siguiente lanzas pequeñas risas de alivio, el autor te vuelve cómplice de sus miedos y secretos, ingeniosa la manera de representar las distintas facciones como animales, sin embargo nunca llegué a creer que los personajes eran ratones parlantes, Art tampoco es que se pasa páginas convenciéndote, las máscaras no son más que técnicas para reducir la crueldad de ciertos tramos, y en cambio alimentar el humor en otros, y que bien que lo logra. Los trazos podrán parecer un poco rústicos pero nunca desentonan, llegando a encontrar algunas imágenes para enmarcar.
La historia llega al corazón por su crudeza, por ser real, la vida sin héroes, los que sobreviven son iluminados por la buena fortuna, son excepcionalmente astutos, o simplemente abandonan su humanidad. La obra está lejos de los dramas de Hollywood y más cerca de Ana Frank. La injusticia, y la lucha contra la indignidad siempre cautivará, la representación de la cotidianidad sin esconder nada te hace cómplice, te identificas, y simplemente no puedes parar de leer.
No por nada Maus es la única novela gráfica en haber obtenido el premio Pulitzer, no confundirla con una obra cualquiera sobre el holocuasto, no se limita a eso sino a mostrar las secuelas, si hechan en falta un poco más de drama en ciertos tramos, recordemos que no es fantasía sino vivencias.
Lo mejor: su magistral narrativa, hacerte partícipe de la historia, y por supuesto la historia, cautivadora sin perder el sentido de la realidad.
Lo peor: el final me cogió desprevenido, llegué a pensar que conectarían las líneas temporales.
Nota: 8/10

