miércoles, 12 de julio de 2017

Locke & Key de Joe Hill & Gabriel Rodriguez, la estirpe demoníaca se renueva.

Locke & Key es una historia de niños contra monstruos, tal vez podría clasificar (guardando diferencias de formato) como la nueva Los Goonies, sino fuera porque ya no es tan nueva, se concluyó en el 2013, además lo más macabro de los Goonies es el adorable gigante Sloth y de L&K... mejor no les ahorro los saltos. Sería la nueva It, razonable al mencionar que Joe Hill, el guionista, es hijo nada más y nada menos que de Stephen King (para el que a estas alturas no lo sepa), el creador de la novela del payaso Pennywise, pero no es lo mismo narrar en prosa que en viñetas, además Joe Hill ni siquiera quiso usar su mítico apellido en la portada de sus libros para no tener ventaja sobre otros autores y así poder demostrar todo su poder narrativo donde se debe -en papel-, el pequeño Joe ya está demostrando con cada bombazo no necesitar mucha ayuda externa para salir adelante y si sigue así muy pronto estará codeándose con los dioses del terror. L&K sería la nueva Stranger Things, con sus debidas delimitaciones, sino fuera porque fue creada antes que la mencionada, y que la propia ST es un homenaje a Los Goonies, E.T., It, Cuenta Conmigo y tal vez incluso a la propia L&K, en fin, mejor no compararlas, al fin y al cabo siempre estamos buscando estas historias en las que niños osados y soñadores viven todo tipo de aventuras en las que se juegan el pellejo, la obra de Joe Hill Y Gabriel Rodríguez está en la misma línea sólo que un par de escalones más al fondo en la escalera que desciende al sótano húmedo, frío y oscuro del género del terror.










Niños contra monstruos
Me ha tocado vivir ya en mi adultez algunas extrañas batallas internas relacionadas con la reconquista de la niñez dentro de mi espectro emocional, ha ganado importantes batallas en este último lustro, debo decir, me siento hoy más niño que en el 2012, estoy satisfecho con lo conseguido, no confundir, no pienso ni deseo ahora o en un futuro ser más niño que cuando tenía ocho años, he llegado a mi tope y considero que ciertas partes de la psique es mejor adaptarlas según las experiencias, ser adulto no es sino la evolución natural de la vida, no es malo crecer, ni las responsabilidades, ni el contacto con el mundo real, ni la pérdida parcial de la inocencia, en cambio si creo que se debe luchar por otra parte de la inocencia que perdemos inconscientemente mientras transcurre la adolescencia y la adultez temprana en las que nos enrolamos en una ideología de mercado (en la que incluso nosotros nos vendemos al trabajar para alguien más) que nos adhiere en el irrefrenable sistema socio-económico del que ya es muy difícil escapar.

Hablo por supuesto de la inocencia aventurera, soñadora, parte propia que cree en el monstruo del lago Ness, que adora el olor a hierba, que disfruta como se debe de una buena historia y desearía ver un fantasma, esa fracción de niño debería ser perenne en nosotros así se nos haría más sencillo amar sin condiciones, emprender nuevos retos y nunca dejar de innovar.


La cultura pop, si se hala de hilos específicos, puede contribuir a mantener al niño vivo; en mi rutina diaria me quedan pocas fuentes de recreación a parte de la literatura y el cine y he tenido la buena fortuna de haber tropezado ya en varias ocasiones con ese tipo de obras que conjugan la más llana cotidianidad con una esencia fantástica densa que habita bajo esta capa fina de aparente normalidad. Los Goonies de Richard Donner es una de las películas más añoradas de mi niñez, en su momento me convirtió en explorador empedernido que buscaba generalmente vestigios de las culturas perdidas entre las colinas de la finca de mi padre, soñaba con que el tesoro de Atahualpa estuviera escondido en una cueva llena de obsidianas al pie de la quebrada más alta de nuestro territorio. Más tarde, una vez hube cruzado el umbral de la adultez, llegó a mis manos un grueso libro un poco viejo en cuya portada aparecía un feliz payaso mostrando sus dientes en forma de cierra, el maestro Stephen King y su club de los perdedores me harían recordar el valor de la imaginación y las convicciones.


Aquí un servidor en sus años mozos junto al buen Sloth en pleno rodaje.

Años más tarde, precisamente en el 2016, pasé unas diez horas seguidas pegado a mi laptop, con los ojos bien abiertos ante la nueva reencarnación de la aventura infantil en busca de lo desconocido, esta vez nos enfrentamos al Demogorgon en Stranger Things. El primer capítulo es a mi gusto el mejor, la campaña de Dragones y mazmorras en la que Mike, Dustin, Will y Lucas se ven inmersos es una oda a la creatividad infantil, la más pura y nostálgica, en fin, haría falta algunos párrafos más para llegar al meollo del asunto del porqué me fascina tanto este sub-género de la ficción fantástica, quizá sólo sea que quisiera volver en cuerpo y alma a aquellos tiempos donde se me permitía errar tanto como quisiera, irme a dormir con los pies llenos de tierra y creer en duendes sin remordimientos por el que dirán.
En fin, como ya lo mencionaba párrafos atrás, Locke & Key significa un escalón más en la construcción de este sub-género, unas ochocientas páginas de pura magia.





 La casa de las llaves nos da la bienvenida.
 
De entrada se nos presenta a la familia Locke, un típico hogar californiano que veranea en su casa de campo, el pequeño Bode busca lombrices en el barro, la rebelde Kinsey y sus rastas rubias no hacen nada, el inconforme Tyler que debe ayudar a pintar la casa como castigo, la madre Nina hornea algo que huele realmente bien, el padre con la barriga pintada y brocha en mano, la presentación y la armonía en general dura pocas páginas y da paso a la angustia en ágiles secuencias cinematográficas, dos despiadados criminales han irrumpido en la propiedad de los Locke y en su infernal cruzada logran asesinar al padre antes de ser neutralizados, asistimos a los servicios exequiales de Rendell Locke donde se puede palpar el dolor al que se ve enfrentada la familia, en este escenario de acefalía, con una madre destrozada y entregada al alcohol, serán los retoños de la familia los que tomarán el protagonismo.

Obligados, tanto económica, como psicológicamente a alejarse de Los Ángeles, llegan al hogar ancestral de la familia Locke, dentro el apacible pueblo costero de Lovecraft, Massachusets para intentar cicatrizar las heridas haciendo borrón y cuenta nueva como buena familia americana de película de terror, pero la casa esconde cosas que se entrelazan con la realidad, cosas que sólo ciertos ojos son capaces de ver.




La casa de las llaves está llena de puertas, cerraduras y llaves por supuesto, llaves mágicas que al abrir una puerta transforman al que pase por ella, el primero en probarlas será el pequeño y curioso Bode, de hecho una premisa de la obra es que la magia sólo cabe en los cerebros humanos jóvenes, pero el hermano menor de los Locke no será el único productor industrial de travesuras alrededor de la casa, una fuerza oscura, antigua y de turbias intenciones alargará sus lúgubres dedos en pos de beneficiarse de las llaves.

La historia ya se encuentra cerrada y cuenta con seis arcos argumentales, uno más angustiante y delicioso que el anterior, originalmente Panini cómics la publicó en español en sendos TPBs por cada arco argumental (seis números por TPB) y recientemente lo volvió a editar en dos preciosos tomos en formato deluxe en tapa dura, lo que se merece.


Los colores de la magia

El encargado de los lápices es el chileno Gabriel Rodríguez que muestra una maestría para el detalle francamente incomparable, hablamos de un tipo con talento y amor por el dibujo, arquitecto de profesión que como botín de su crisis de mediana edad sacó nada más y nada menos que una refulgente carrera como dibujante de cómics, ha participado en ilustraciones de cartas Magic y en series de la editorial IDW, en 2008 conocería profesionalmente al retoño de Stephen King y sería amor a primera vista, profesionalmente hablando. Joe Hill tenía una idea para una serie regular que iba de casas, llaves y magia, la mezcla entre los dos autores fue como café con leche. El talento de Rodríguez es magnético, tiene la capacidad para reflejar en la mirada de los personajes su propia alma, sino hubiera sido así probablemente no nos hubiésemos prendado del personaje de Bode. Sus fondos están obsesionados con el detalle, el diseño de la casa es laberíntico y sus habitaciones con alma propia sacan a relucir las dotes arquitectónicas de un dibujante que no sólo diseña de manera soberbia los inmuebles de Lovecraft, sino incluso las mentes de sus personajes.


En fin, el dibujo es la amalgama perfecta para una historia que sólo podía haber alcanzado sus cotas máximas de la manera que fue producida, Joe Hill demuestra haberse leído de cabo a rabo todos los hitos de su padre y en esta ocasión presenta una historia de personajes, que Rodríguez sabe dotar de personalidad al llevarla al trazo, como lo mencionaba antes de manera un poco más críptica, los ojos grandes son quizá el mayor acierto del dibujante, al principio parecen desencajar con el tono de la historia, pero la duda no dura más de unas pocas páginas, el aspecto casi caricaturesco logra aumentar la tensión en los momentos "niños contra monstruos" en los que sufriremos para que nuestros torpes personajes salgan avante.
                
                                                                      Tres son multitud

Si al especular sobre la historia de tres hermanos en su día a día, avizoras aquella casa de San Francisco y aquella canción tan fastidiosa pero que te mantenía pegado a la tv y esas tres niñas rubias criadas por un maniático de la limpieza, un roquero fracasado y un sospechoso comediante, déjame decirte que no te equivocas tanto, ah pero no bajes tus expectativas tan rápido, Locke & Key sólo guarda de esa serie esa lealtad instintiva entre individuos co-sanguíneos, aunque a diario parezcan más perros y gatos que hermanos y ni siquiera confíen entre sí sus secretos.

La relación fraternal entre Kinsey, Bode y Tyler yo diría que es la misma que vivimos todos los que hemos tenido esa dichosa condena, con las rabietas, peleas, sopapos y las muy distantes y sutiles demostraciones de amor fraternal tan propias de las edades tempranas, en esta relación reside el corazón de la historia que no es más que otra de amor, aunque tan bien contada que no aburre y solo edulcora en momentos estratégicos que te harán seguir leyendo hasta altas horas de la madrugada, llegado cierto punto querrás pasar las páginas volando, otear el desenlace, es posible, pero recomiendo degustar con pausa cada viñeta, porque lo merece, una vez se develen los misterios y quieras volver para digerir el dibujo, no sería lo mismo. Nuestros estúpidos protagonistas necesitan de toda nuestra paciencia.

La trama contiene un hándicap algo común en este tipo de historias, pero necesario puntualmente para llenar vacíos argumentales: el adulto promedio es incapaz de distinguir la magia, se a alienado de los sueños, a abrazado la lógica como religión irrenunciable, está muy lejos de sus orígenes, incluso se da el lujo de menospreciar la imaginación infantil, tachándola de vacua, necia pero soportable, en verdad y dentro de la lógica de la novela, el necio es el adulto que aunque a rozado con la magia, decide tener visión selectiva, un mundo enteramente lógico, enteramente gris y cuadrado es una carga altamente estresante, así que desecha cualquier posibilidad de una realidad subyacente porque simplemente nos gusta creer que la sociedad y el sistema en general están bien así como son, debe ser la cultura de la rutina el único camino a seguir, tiene que serlo, sino sería demasiado pesado llevarlo a cuestas. Este es el mensaje en subtexto que yace al digerir la novela, el demonio usa a los niños para llevar a cuestas sus cometidos, no sólo por su inocencia sino porque creen en él, para él los adultos en cierta medida son discapacitados, su visión de túnel les cierra las puertas a toda la paleta de colores de la vida; así que, si solo los niños pueden ver la magia, hace falta ser un poco niño para disfrutar al cien por ciento de esta historia.

Como reflexión final te recomendaría que antes de leer esta novela, abras las puertas al niño que llevas dentro y que puede que yaciera acurrucado en el fondo de una celda oscura comiéndose sus propios mocos como único alimento, cuando hayas terminado de leer Locke & Key, no lo obligues a volver a entrar, déjalo jugar un rato, deja que se ensucie la ropa y se raspe las rodillas, bucea en la vida, admira el acompasamiento de la hierba al crecer paralela al terreno, de los colores y la anatomía de los saltamontes, del cielo al degradar sus colores todos los días al atardecer, date cuenta de una vez que la vida es más que encarrilamiento, no somos trenes, tenemos derecho a adentrarnos en el bosque a explorar. 

Nota: 10/10
Lo mejor: es una obra integral, no le hace falta nada, se queda en el corazón.
Lo peor: llegar al final y querer más.

domingo, 16 de abril de 2017

Los Borgia, o los políticos según Alejandro Jodorowsky

El multifacético artista chileno Alejandro Jodorowsky y el afamado dibujante italiano Milo Manara se unen para dar luz (una vez más) a la historia de una de las familias más controvertidas de la historia, la sola dicción de este apellido se me hace extrañamente similar a pronunciar por ejemplo Sodoma, un tabú que se va haciendo extrañamente delicioso a medida que se van pasando las páginas de este tomo integral, y ya se enterarán por qué.


Si empezamos por la portada ya se puede sopesar lo que se viene, de antemano la mujer con las piernas abiertas nunca sería publicada de esa manera en los Estados Unidos (bendito seas cómic europeo), he visto levantarse tornados de polvo por algún escote de super traje que sugiere más de lo que debería y no es ni un tercio de sexual que la bella Lucrecia Borgia tapándose sus partes con las rasgaduras de su vestido, pero bueno, acá tenemos entre manos a los Borgia y se merecen esa portada, no por nada son considerados la primera gran familia mafiosa de la historia y todo lo que ello conlleva.


Rodrigo Borgia inicia la historia como cardenal de Roma y sobrino del santo padre Inocencio VIII quien antes de evanecer le revela su deseo de que sea su sucesor como vicario de Cristo, desde entonces Rodrigo empieza a ser devorado por la ambición que tal sitial le genera, comienza a urdir un plan perverso para hacerse no sólo con el control de la iglesia católica sino de toda Italia y Europa; ya coronado como su santidad Alejandro VI convertirá el vaticano en la sede de una organización criminal a gran escala con el objetivo de sitiar a cada uno de sus cuatro hijos en lugares estratégicos que permitan elevar su apellido al de un linaje monárquico, dos de sus hijos compartirán protagonismo con Rodrigo, el rebelde guerrero César Borgia y su hermana de belleza sobrenatural Lucrecia, de ahí se desarrollará esta historia con la constante fascinación por el morbo con que Jodorowsky y Manara dirigen este tour de forcé, no se guardan nada y las atrocidades van desde el saco lleno de penes cercenados hasta el incesto en público, eso sí, el ritmo argumental y el bellísimo arte de Manara evitarán que se llegue a niveles escatológicos, después de lo escuchado parece difícil, pero en ese equilibrio entre asco y fascinación oscilan generalmente las obras maestras de este tipo.


Este tomo integral contiene los cuatro álbumes que conforman toda la serie publicada, cada una de las cuatro partes será una especie de escalón para las ambiciones de Rodrigo Borgia y su familia carcomida por el poder, se puede ver entre hilos (por los giros argumentales casi ridículos típicos del viejo Jodo) que de rigor histórico sólo tiene el título, la trama llegada a cierta conquista se torna desenfrenada, eso sí, no falta la filosofía entredicha en el argumento que termina rematándose casi a modo de moraleja. La excesiva idealización de sus tramas suele ser el error típico de Jodorowsky, al resolver los conflictos con momentos Deus ex machina (véase el desenlace de la trama del rey francés) que desnaturalizan un poco los argumentos haciéndolos parecer en algunos casos algo torpes, salvo por resoluciones de subtramas este cómic no es el caso, esto es una generosa capa de morbo puro recubriendo un fondo filosóficamente denso y al que no se accede si sólo se lee para ver culos. 

El entendimiento que tiene Jodorowsky de la política es un poco más oscuro que el que aparece en los diccionarios, la idealiza como el sustento del ego mediante el control de grandes masas de individuos, generalmente en todas las obras del chileno predomina el concepto del gobernante que administra a la chusma cual ganado -en el mejor de los casos-, generalmente son caricaturas exageradas del caudillo promedio, me gusta más la visión romántica de la política que Alan Moore imprimió en su V de Vendetta, el "gobiérnate a ti mismo" que tanto polvo a levantado en nuestros tiempos con la llegada de Anonymous, ambas obras intersecan en algunas aristas y ya habrá tiempo para hablar más tendido de la obra del inglés.



Y bueno, para finalizar hablar de lo mejor de lo mejor de la obra que son las chicas Manara, benditas tus acuarelas Milo Manara, de 216 planchas de viñetas, 216 obras de arte para enmarcar, nada más que decir.


Acércate a esta obra si estás cansado de lo típico, si buscas en el cómic contenido en subtexto, si nada del mainstream llena tu malhumorado paladar, o si por otro lado sólo quieres saciar el morbo, esto también puede ser considerado la más fina y profunda pornografía, para todos tiene.

Nota: 8/10
Lo mejor: Las acuarelas benditas de Milo Manara (me santiguo).
Lo peor: Generalmente los guiones de Jodorowsky son geniales, pero no llegan a cerrar, a ser lo suficientemente creíbles, lo mismo que sucede cuando uno ve por ejemplo su película "El topo", aunque hay que darle justicia al chileno y decir que es mucho más sobrio haciendo cómics que cine, pero la locura no se puede disimular tan bien, como el pensaría.

viernes, 13 de enero de 2017

La guerra interminable, de Marvano y Haldeman.

El ex-militar estadounidense Joe Haldeman y el artista belga Mark Van Oppen (Marvano) se unieron en 1989 para llevar la novela clásica de ciencia ficción (y antibelicista) "La guerra interminable" al noveno arte, con un resultado destacable, aunque sin llegar a ser lo suficientemente épica como sugiere la portada, su fuerte radica en la cruenta trama (científicamente verosímil) de Haldeman, convirtiendo al apartado gráfico en un espíritu que se deja llevar de la mano por su guía y que no por ello deja de llevar su esencia a lejanos confines del universo. 



Compré este ejemplar con el 50% de descuento en la Librería Clásica y Moderna de Quito, los colores de la tapa ya están un poco avejentados, pero el interior se conserva y es lo que vale, me he topado con un pequeño tesoro, y bueno, ya está a salvo de la inclemencia del sol, el polvo y los manoseos a los que tiene que sufrir un libro despreciado.

William Mandela se alista en el ejército luego de que una nave terrestre sea destruida por fuerzas extraterrestres (los taurinos), es la primera vez que la raza humana establece contacto y o coincidencia, es empujada a una guerra interestelar, para hacer posible este contacto ha tenido que descubrirse el salto colapsar que permite al ser humano viajar entre sistemas estelares superando la velocidad de la luz. Los primeros capítulos seremos testigos del entrenamiento de Mandela y su escuadrón, que se enfrentarán a las más cruentas condiciones de adiestramiento, la angustia se mantiene (como comerse un puño cerrado) hasta la primera batalla.



El gran protagonista de la novela junto a Mandela, son los saltos colapsares, pues si bien permiten superar en cierto sentido la velocidad de la luz, a la vez magnifican la relatividad del tiempo, es decir que mientras para los soldados pasan no más que meses, para la tierra -y su civilización- pasarán años, dependiendo de la distancia a recorrer en el salto, por lo tanto cada vez que el pelotón vuelva a casa se encontrará con una nueva versión de la humanidad, es imposible que luego de aquello no sintamos un nexo especial con los soldados, por ser especímenes de nuestra versión de la humanidad que en aquel planeta tierra extraño no sirven más que como morbosas atracciones para el populacho, lo cual me ha hecho plantearme seriamente sí, de tener la oportunidad en mis manos, optaría por viajar al futuro, he llegado a sentirme aterrado por las directrices que la conciencia humana podría tomar. Pasarán muchos siglos y la humanidad seguirá en guerra con los taurinos, la tecnología armamentística aumentará pero el tiempo jugará el papel dramático principal de esta historia, que ya tengo ganas de leerla en su versión literaria pues se ve de sobremesa que para poder agilizar la narración secuencial se ha omitido muchos (y jugosos) detalles que quiero conocer.

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He olvidado mencionar que el tomo contiene dos novelas gráficas, la mencionada "Guerra Interminable" de 1989 y su secuela "Libre para siempre" que volvió a unir a Haldeman y a Marvano en 2009, siendo a mi gusto la primera mucho más contundente que la segunda tanto en el apartado argumental como en el gráfico, y eso que la segunda está mejor dibujada, o más que mejor dibujada, realizada en otra era del arte, siendo dibujo (y guión) con gusto a genérico, mientras que la primerísima adaptación de 1989 fue sacada a priori en blanco y negro, siendo coloreada para su versión integral, salta a la vista que Marvano dejó una parte de sí en las viñetas, página tras página exuda aquella pasión que se ven obligados a vivir los soldados, el autor transmite su amor por el arte mediante su obra, en Libre para siempre a pesar de no encontrarle peros gráficos, si le hace falta ese contenido intangible de su predecesora, será por eso que llega a desinflarse tanto que uno llega al revelador final -revelador en todas sus letras- y no puede evitar pronunciar un desganado y genérico ¡Meeeh!


Mi reflexión final como amante del cómic y de la ciencia ficción es ¿como pude resistirme a este clásico adaptado al cómic que por tanto tiempo estuvo con cincuenta por ciento de descuento en la librería que frecuento? No lo sé, quizá me dejé llevar por la corriente del consumismo, las joyas muchas veces están frente a nuestros ojos y decidimos pasar de ellas porque nos encandila más el continuar con aquella producción inhumana que nunca para y nos supera en todos los sentidos, poniendo novedades ante nuestros ojos a tal velocidad que... es tan difícil ser pobre. :´(

La guerra interminable es un imprescindible, es una obra hecha con gran pasión por el arte y en contra del horror de la guerra, y que no te dejará indiferente pues te ofrece además de entretenimiento aquella dosis de reflexión que en nuestros días es difícil encontrar en el noveno arte, al menos en la zona mainstream, quizá no colocaría a esta obra en mi top 10, tal vez lo haga después de una segunda lectura, pero si tiene un rincón muy preciado en mi estantería, además que supone un delicioso primer acercamiento al cómic franco-belga, si hay más como esto, me declaro fan inmediato.



Nota: 8/10
Lo mejor: El argumento bestial de Joe Haldeman, la pasión con que dibuja Marvano
Lo peor: que la segunda mitad del tomo desinfla bastante el sabor de boca final de esta adaptación integral, totalmente innecesaria secuela.

El olvidado

  El otrora más temido mausoleo de los viejos pueblos, hoy un apestoso habitáculo común entre los descendientes de Gorlois, al que llaman pa...