miércoles, 23 de diciembre de 2015

Uzumaki de Junji Ito: en las esferas más hondas del horror.



Me he acercado a esta obra con mucha cautela, por un lado no soy muy fanático del manga (con contadas excepciones), no por su modo de arte, sino por el modo de concebir la vida que tienen los japoneses, ser tan ellos en sus historias me descoloca, muchas situaciones normales para ellos, son pozos de surrealismo para nosotros los occidentales; por otro lado, de un tiempo para acá el terror... no me aterroriza, me da risa, me da igual, experiencias con el cine de terror japonés (en particular con Takashi Miike) me han dejado en shock más que aterrorizado, quizá me hacía falta cavar un poco más para encontrar algo de emoción genuina, y en este descenso hacia el horror rebuscado, underground, onírico, y brutal (como no), quizá he dado un bandazo en una veta de un brillante y extraño metal que no es lo que aparenta.



Les presento al buen Junji por si no lo conocían, ¿ven a un maestro de lo horrendo posando en esta foto? nah, este no asusta ni a su gato, y eso que lo está ahorcando, Junji Ito no es lo que esperaba en cuanto a apariencia, supuse tendría más parecido al caníbal japonés ese que se comió a una chica holandesa (a ese si da repeluz enfocarle), Junji Ito tiene los ojos de un japonés promedio de los que camina con paraguas de camino y vuelta del trabajo, disfrutan mucho del pescado, son muy tímidos y se dejan envolver por el trabajo.

El buen Junji con esa facha de padre de manga (de los que pasan sentados frente a su mesa tomando té y nunca dicen nada trascendental) es capaz del horror más sobrecogedor del que pudieras ser víctima, y Uzumaki, sin haber leído nada más de él, debo decir, es su obra maestra.

Uzumaki es una obra que se retuerce sobre sí misma, de tal manera que no sabes con qué te encontrarás en la siguiente página, tiene una capacidad de impactar que no decae desde el primer horror (sí, el de la tinaja), es increíble la galería de cosas horrendas y únicas con las que uno se topa aquí, y es que de situaciones muy absurdas, irreales o totalmente infantiles, se entretejen imágenes tan espeluznantes y situaciones tan horrorosas que son las que salvan las historias y las convierten en piezas clásicas, ¿por qué? porque nunca más podrás sacártelas de la cabeza. Los clímax de Uzumaki y su terror de impacto van contagiando uno tras otro de aquella obsesión tan malsana e irracional por las espirales.



Entre muchos hoyos argumentales, puesto que algunos personajes (los protagonistas) no actúan como humanos, rodeados de personajes monocromáticos que solo odian, solo aman, solo temen, solo quieren llamar la atención, uno se va dando cuenta que el verdadero protagonista es la fuerza natural retorcida y totalmente cruel, los hilos de las marionetas se pueden entrever de vez en cuando y a medida que la historia avanza ya no se hace ningún esfuerzo por ocultarlos, los protagonistas no son tal, son solo testigos del acto.



Al parecer las espirales gobiernan al mundo así como los ángulos en Los Perros de Tíndalos, y es una perspectiva genial del horror, una fuerza que no tiene razón de estar pero está. Con Uzumaki he recuperado mi capacidad de horrorizarme, y no mucho más que decir sin destriparlo todo más de que ya lo he hecho, hay que leerla si no lo has hecho ¡Pero ya!

Lo mejor: Sus desenlaces impactantes, su horror sobrecogedor desde aristas que son difíciles de conseguir sino eres un genio, Junji Ito se mete en las tramas más truculentas que puedas imaginar y las lleva a flote y con qué brillo.
Lo peor: Los diálogos, las situaciones absurdas que sacan de contexto al lector.
Puntuación: 9/10

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